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La espiritualidad supone enfrentarnos a la pregunta de “¿hay vida más allá de la muerte?” una pregunta complicada de responder ya que nadie ha vuelto del otro lado para concedernos un relato fiel de lo que hay más allá de la frontera. Sí que es verdad que ha habido muchos casos de personas que han tenido información de primera mano de seres queridos que les han mandado mensajes, pero no dejan de ser casos aislados que no se pueden reproducir ni medir científicamente, por lo tanto la duda sigue muy arraigada y mientras la ciencia no obtiene respuesta, la sociedad, ávida de respuestas cartesianas, vive sumida en la duda y en el miedo a lo que hay más allá de la muerte.

En la antigüedad este miedo era más llevadero, se tenía miedo a la muerte, evidentemente, pero la muerte era parte de la vida, prueba de ello son los rituales, fiestas y folklore relacionado con ella, ahora solo nos quedan atisvos de estos rituales solo mantenidos por los más ancianos, las nuevas generaciones no quieren saber nada de la muerte, es un tema tabú, posiblemente el más tabú de todos, solo hay que ver los tanatorios, a las afueras de las ciudades, con velatorios cada vez más cortos y entierros cada vez más rápidos. La muerte de un familiar es un trámite que debe pasarse cuanto más rápido mejor; evidentemente es un mal trago, pero en épocas anteriores se reunía a la familia, se velaba el cuerpo, se hacían los rituales pertinentes, había un tiempo para que el espíritu fuera acompañado por los familiares vivos, ahora todo esto se ha acortado, solo hay un día al año para acordarnos de los difuntos, el día de Todos los Santos y, como mucho, el día del aniversario del fallecimiento. Nada más. La muerte no se la nombra, o queremos saber nada de ella, pero esta negación responde al tipo de sociedad en la que vivimos, una sociedad que ha perdido la conexión con el mundo espiritual, una conexión necesaria para no perder el rumbo y no vivir dando tumbos como si la vida física fuera lo único.

Por eso leer un libro como «Vida después de la Vida» de Raymond Moody puede significar enfrenternos al mayor miedo que todos tenemos y pocos admiten: el miedo a la muerte.

Antes de nada poneros en antecedentes. El autor es doctor en medicina y psiquiatría, trabajos que le llevaron a tener contacto con personas que habían tenido las ahora conocidas experiencias cercanas a la muerte, terminología que Raymond popularizó gracias al libro “Vida después de la Vida” En dicho libro el autor relata algunas de las vivencias que tuvieron pacientes al borde de la muerte o, incluso, pacientes que llegaron a estar clínicamente muertos y pudieron volver a la vida para relatar lo que sintieron, oyeron y vieron en el Otro Lado.

El autor divide las experiencias según el tipo, así que podemos encontrar relatos de todo tipo, gente que tuvo accidentes, enfermedades terminales, jóvenes, mayores… Todos ellos nos relatan sus experiencias y Raymond Moody extrae los puntos en común para ofrecernos una serie de arquetipos comunes que se han popularizado gracias al cine: el túnel, el encuentro con el ser luminoso, la revisión de la vida como en una película, etc. Todos estos símbolos nos suenan gracias al cine, pero siglos antes ya habían sido descritos en grandes libros como el «Libro tibetano de los Muertos».

Enfrentarnos a las páginas de este libro es el primer paso para enfrentarnos al miedo a la muerte; un miedo que no va a desaparecer como por arte de magia al acabar «Vida después de la Vida”, pero quizás su lectura sirva para minimizar dicho miedo.

Silvia
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