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Un método infalible para reducir el estrés

Hoy quería compartir una enseñanza que me ha costado bastante integrar pero que al final he aplicado y me está ayudando en muchas situaciones, por eso espero que os resulte motivadora para que os sirva también a vosotros.

Vivimos rodeados de estrés, eso ya lo sabemos y lo experimentamos a diario, de hecho hay tanto estrés que como medida de equilibrio hay decenas y decenas de métodos para rebajarlo, incluyendo los fármacos, el último recurso cuando ningún método funciona.

Está claro que andamos muy perdidos a la hora de gestionar el estrés, nadie nos enseña a hacerlo y cuando buscamos soluciones, éstas no son rápidas ni efectivas en el momento de estar con los nervios de punta. Un ejemplo, de poco nos sirve salir del trabajo e ir a una sesión de masaje para relajarnos cuando durante la jornada laboral hemos tenido unas cotas de estrés estratosféricas que nos han machacado la mente, las emociones y el cuerpo, ¿no sería mejor tener la capacidad de rebajar el estrés en el momento que notamos que aparece? Esto puede parecernos algo imposible de alcanzar, y os lo digo de primera mano, pero os puedo asegurar que a nuestro alcance tenemos una erramienta que usamos cada día queramos o no: la respiración.

El control de la respiración, realizar inhalaciones y exhalaciones de calidad, usando toda la capacidad pulmonar, nos hace centrar tanto la mente que en cuanto comenzamos a controlar la respiración nuestro sistema nervioso se relaja y el estrés baja.

Cuando comencé a practicar yoga por mi cuenta sinceramente no presté atención a la respiración, cuando escuchaba: “hay que centrarse en la respiración, el movimiento acompaña a la respiración” yo pensaba que eran frases manidas para darle un toque místico a una práctica física. Así que practiqué durante mucho tiempo ejercicios de yoga independientes de la respiración… Y como dice una de mis profesoras: “cuando no aplicamos la respiración al movimiento, éste va por un lado, la respiración por otro y la mente está por allá, al fondo de la sala”. Dicho de otro modo, si no nos centramos en la respiración al hacer yoga, lo que estaremos haciendo es ejercitar el cuerpo, pero no estaremos integrando la respiración como técnica para relajar el cuerpo y la mente, algo esencial en nuestro día a día.

Otra de mis profesoras me explicó una metáfora que activó la bombilla de mi cerebro. Durante una clase nos enseñó que hacer una asana que nos resulta incómoda (porque no somos elásticos, porque no se nos dan bien las torsiones o porque tenemos un equilibrio pésimo, aquí cada cual tiene su reto a la hora de perfeccionar asanas) y ser capaces de mantener una respiración acompasada y de calidad nos entrena el cerebro para que cuando estemos en una situación agobiante (tan agobiante como la asana que no nos gusta) sepamos respirar con la misma calidad y con calma, sabiendo que esa situación pasará, al igual que una asana que nos nos gusta acaba finalizando.

Si no practicáis yoga es complicado de entender, es más, si practicáis yoga y sois tan tozudos como yo lo era hace años, por mucho que os cuente los beneficios de la respiración no lo vais a creer, sin embargo a mi solo me han hecho falta tres semanas de centrar la mente en la respiración para darme cuenta de que mi capacidad pulmonar ha aumentado y, lo más importante, que soy capaz de respirar pausadamente en situaciones de estrés. Esa sensación de ahogo, de que falta el aire, de boquear como los peces fuera del agua y sentir que no acabas de tener los pulmones llenos se da cuando estamos estresados, aunque no nos lo parezca. En esos momentos de “ahogo” es cuando tenemos que decir: “un momento, vamos a calmarnos, vamos a inhalar y exhalar profundamente, con calma y sosiego” os puedo asegurar que el cerebro baja de revoluciones y se calma, pero claro, es difícil de creer que algo tan sencillo como respirar sea tan efectivo, lo bueno es que probarlo es gratis :)

Silvia.

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