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Desenmarañar los hilos del destino y ser capaces de vislumbrar el futuro ha sido una obsesión para el ser humano.

Saber si la caza iba a ser propicia, conocer si esa estación las lluvias iban a ser favorables, averiguar si el poblado iba a ser atacado… Conocer el futuro era una cuestión de supervivencia pura y dura, por eso no es de extrañar que gran parte del trabajo mágico fuera encaminado a predecir el futuro con diversos métodos.

El tarot en la actualidad es el más conocido y el que se ha popularizado gracias a la gran cantidad de ilustradores que se han animado a recrear barajas con diversos motivos, pero hay muchísimos sistemas oraculares, algunos de ellos tan antiguos que hemos perdido las claves para descifrar sus predicciones, como por ejemplo las predicciones que realizaban los augures romanos observando el vuelo de las aves.

Ya sean cartas, huesos, el vuelo de las aves o los sueños, la clave de todos estos métodos adivinatorios se basa en la interpretación a partir de unos códigos que generalmente los dan los dioses, los espíritus u otras entidades del otro lado. Un ejemplo claro del cual tenemos registros de esta “comunicación” con los dioses para obtener un método oracular son las runas.

Para entender las runas tenemos que bucear en la mitología nórdica, en los poémas épicos que fueron pasando de generación en generación oralmente y que en la Edad Media se recopilaron en lo que se llaman las Eddas, los poemas épicos nórdicos, en los que se cuentan las historias de los dioses como Thor, Odín o Freyja; y de otros seres como las Nornas o las Valkirias. En una de estas Eddas hay un pasaje que se llama “Canción Rúnica de Odín” donde se relata lo que hizo “el padre de todos” para conseguir el conocimiento de las runas:

Sé que colgué en un árbol mecido por el viento 
nueve largas noches 
herido con una lanza y dedicado a Odín, 
yo mismo ofrecido a mí mismo, 
en aquel árbol del cual nadie conoce el origen de sus raíces.

No me dieron pan ni de beber de un cuerno, 
mire hacia lo hondo, 
Tomé las runas 
las tomé entre gritos, 
luego me desplomé a la tierra.

Odín se sacrificó a sí mismo colgándose durante nueve días y nueve noches en el Árbol de los Mundos para poder convertirse en el primer sabio de las runas. Podría pensarse que el tema del sacrificio para obtener un conocimiento superior es simplemente un recurso poético, pero no lo es. Comprender un sistema de símbolos que va a ser la llave para predecir el futuro es tener en la mano un gran poder, incluso para un dios como Odín, por eso la necesidad del sacrificio. Este acto de Odín es un recordatorio para todos aquellos que buscan el conocimiento, ya sea de algo mundano o un conocimiento trascendental, cualquiera de ellos implica un sacrificio, sino pensad en el tiempo que se debe de invertir en estudiar para tener una carrera o los años de práctica que requiere adquirir la maestría en cualquier oficio.

Conoce las runas
y aprende los signos, 
los caracteres de mucha fuerza, 
los caracteres de mucho poder, 
que tiñó el tulr supremo (Odín). 
y los altos poderes hicieron 
y el señor de los dioses (Odín) grabó.

El “padre de todos” se sacrificó para aprender el arte de las runas, pero ¿cómo llegó este conocimiento a los mortales? Sobre este punto hay bastante controversia, unas fuentes aseguran que Odín era un dios egoísta y no quería compartir el conocimiento que había adquirido, mientras que otras fuentes aseguran que Odín enseñó el arte de las runas a los seres humanos para que pudieran comunicarse con los dioses.

 De una manera u otra las runas llegaron hasta los mortales junto con la clave para interpretarlas y usarlas como amuletos mágicos, ya que conocer el significado profundo de las runas significa también comprender su magia, una magia que no solo sirve para vislumbrar el futuro, sino que nos da la llave para poder modificarlo.

Silvia.
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