Cuando tomamos auténtica conciencia de que cuerpo solo tenemos uno y que nos tiene que durar toda la vida es cuando empezamos a tener cuidado con todo lo entra en él, y no solo hablo de la comida y la bebida, también me refiero a los estímulos visuales y auditivos que consumimos a diario. Qué comer, qué beber, qué ejercicio hacer… Incluso qué vestir, todo ello influye en nuestro bienestar, paz mental y en nuestro nivel de energía, así que cuanto antes empecemos a tomar conciencia de ello y actuar, mejor para nosotros.

Vivimos rodeados de estímulos sobre lo que nos va a sentar bien, lo que nos va a dar bienestar, felicidad, alegría, energía… Todo ello está rodeado del aura mágica del márketing puesto al servicio del consumismo que nos ha metido en la cabeza que cuanto más tengamos, más felices seremos. Esta regla de oro es la que impera en la sociedad y es muy difícil vivir al margen de ella, ya que es muy cómodo dejarnos arrastrar por todos estos cantos de sirena que silencian las alarmas mentales y corporales que nos indican que no lo estamos haciendo bien, que no nos sentimos plenos y que hay algo que nos está enfermando, por ello hoy vamos a diseccionar las capas que componen un cuerpo humano para ver qué nos ayuda a tener energía y qué cosas nos minan nuestras energías tanto físicas como sutiles.

CUERPO FÍSICO

Empezando por el nivel más básico, el físico, es el más evidente y el que ya nos deja claro que nos cuesta muchísimo identificar lo que nos gusta de lo que nos sienta bien. Por ejemplo el cuerpo humano está diseñado para moverse, y moverse mucho, pero el ritmo de vida que llevamos lo somete a largos períodos de inmovilidad que lo vuelven perezoso y esta pereza va acartonando todavía más el cuerpo lo que hace que todavía queramos movernos menos. Un círculo vicioso difícil de romper si nos dejamos llevar por los sentidos y no ponemos altas dosis de sentido común, fuerza de voluntad y observación consciente que nos haga recordar lo bien que nos sentimos después de hacer ejercicio.

Resta energía: inacción, sedentarismo, pereza.

Aporta energía: ejercicio, movimiento, acción.

Ligado al físico también podríamos hablar de la comida, pero nos quedaría un post kilométrico, solo apuntar que esta “comodidad” a la que nos hemos acostumbrado es culpable en gran medida de los desórdenes alimenticios y alergias que están azotando la sociedad hoy en día. Ir al mercado, comprar productos de proximidad, frescos, pasar tiempo en la cocina preparando la comida que nos va a dar energía de calidad se ha convertido en una “pérdida” de tiempo y preferimos comprar rápido, calentar rápido y comer todavía más rápido. Esta rapidez también está acelerando la degradación de todo nuestro organismo que no ha tenido tiempo de adaptarse a los nuevos alimentos que están presentes en nuestra dieta desde hace unas décadas. Lo peor de todo es que solemos darnos cuenta de lo mal que hemos estado comiendo cuando el cuerpo comienza a quejarse y dar síntomas aleatorios que nos vuelven locos y dejan locos perdidos a lo médicos que no saben dar una respuesta concreta a lo que no pasa. Y hablo por propia experiencia… En mi caso conseguí encauzar la situación y sobreponerme a un agotamiento crónico gracias al cambio en la dieta, dejé de comer harinas refinadas (de trigo básicamente) y todo empezó a ir mejor. Un segundo paso fue volver a la cocina tradicional, dejé de comprar productos de calentar y comer, y volví a hacerme mis propios guisos como hace mi madre.

Este apartado lo he simplificado muchísimo y sé que el tema «alimentación» es muy amplio, complejo y delicado, por ello he querido dar una visión global sobre la importancia de tomar conciencia de lo que ingerimos y cómo afecta a nuestro estado físico, mental y espiritual. Los alimentos nos dan energía a todos los niveles, así que si notamos que algo no funciona bien en nuestro cuerpo deberíamos echar un ojo a lo que estamos comiendo, ahí puede que se encuentre la clave para empezar a sanarnos.

Resta energía: alimentación inconsciente, productos ultraprocesados, no prestar atención a lo que comemos, comer rápido.

Aporta energía: alimentación consciente, productos frescos, cocina tradicional, preocuparnos por el origen del alimento.

CUERPO EMOCIONAL

Si poco caso hacemos al cuerpo físico mucho menos al emocional. Lo que nos entra por los ojos y oídos también tiene una gran repercusión a nivel energético y aunque no lo parezca está al mismo nivel de importancia que cuidar el cuerpo físico, si no os lo creéis ahí van varios ejemplos: ¿cómo os sienta quedar con alguien y que se pase horas criticando a una tercera persona? ¿O cómo os sienta ver una imagen de sufrimiento en el telediario? ¿Cómo os sentís al presenciar una discusión entre dos familiares o dos amigos? Tenemos que ser de hormigón armado para que estos tres ejemplos no nos afecten lo más mínimo, lo normal es que situaciones “negativas” nos despierten sentimientos negativos como: depresión, tristeza o rabia. Así que la manera de contrarrestar estos estímulos que afectan al cuerpo emocional es tratar de desapegarnos de los sentimientos que nos generan, no hacerlos nuestros, no identificarnos con ellos y, en la medida de lo posible, evitar las situaciones que favorecen los daños al cuerpo emocional. Es decir, a lo largo de nuestra vida nos enfrentaremos a situaciones dolorosas inevitables, pero hay muchísimas más situaciones que podemos evitar, como por ejemplo decir adiós a las personas tóxicas que tenemos alrededor. Sé que es complicado, tan complicado como dejar de comer ultraprocesados, o romper el sedentarismo, pero si queremos dar un paso hacia un cambio en nuestro nivel de energía, tenemos que empezar a controlar las fugas energéticas.

Resta energía: estímulos negativos, personas tóxicas, situaciones estresantes.

Aporta energía: situaciones relajantes, personas neutras, estímulos positivos.

CUERPO MENTAL

¿Qué estímulos intelectuales introducimos en nuestro cerebro? ¿Nos aportan ideas frescas y estimulan nuestra mente o simplemente nos hacen pasar el rato? En general los tiros suelen ir por la segunda opción…

Los retos intelectuales o el cese de ruido mental son los alimentos de este cuerpo al que hacemos poquísimo caso. Por regla general tenemos pocos retos mentales a no ser que tengamos un trabajo técnico y, en este caso, la rutina hace que el reto se convierta en trabajo mecánico. ¿No os ha pasado que cuando os dan una tarea nueva os sentís llenos de energía y motivación y cuando lleváis mucho tiempo haciendo lo mismo os sentís sin ganas de nada? Muchos dirán que prefieren los trabajos rutinarios que no les supongan esfuerzo, pero lo que “prefieren” no es lo que más le conviene al cuerpo mental, sería más o menos algo parecido al sedentarismo: por mucho que prefiramos estar tirados en el sofá no significa que eso sea lo ideal para nuestro cuerpo físico.

Dar un “alimento” correcto al cuerpo mental nos va a aportar motivación, mejor memoria, rapidez de respuesta y “frescura” en general. Por ello es recomendable evitar estímulos vacíos que solos nos hacen perder las horas y optar por estímulos más enriquecedores que nos aporten un reto.

Resta energía: sobreinformación, estímulos continuos y rápidos, no desconectarse de las pantallas.

Aporta energía: leer, escribir a mano, meditar.

CUERPO ESPIRITUAL

Llegamos al cuerpo más sutil, el más olvidado y el que se sustenta en todos los anteriores para estar sano y poder fluir con libertad hacia nuestro verdadero «Ser».

Todo está conectado, así que no podemos empezar a arreglar la casa por el tejado, es decir, no podemos pretender sanar nuestro cuerpo espiritual y seguir llevando una vida caótica e insana, con hábitos de vida que destruyen nuestra salud física, estímulos nocivos y rodeados de estrés y personas tóxicas. A no ser que seamos un ser de luz o la reencarnación de un maestro espiritual, llevar una vida así no nos va a aportar ninguna paz mental ni nos va a permitir avanzar en nuestro camino espiritual.

Resta energía: no cuidar los cuerpos físico, mental y emocional.

Aporta energía: ser consciente de que todo está conectado.

conexión

Silvia @energy_minerals

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