Vivimos tan desconectados de la naturaleza que nos hemos desconectado de nuestro vínculo con nosotros mismos. Ya no escuchamos a la naturaleza, como tampoco escuchamos a nuestro cuerpo.

El malestar físico y, en última instancia, la enfermedad, se ha convertido en algo normal en nuestras vidas. Alergias alimentarias cada vez más extendidas y vistas como «normales», picores en la piel, dolores musculares crónicos, migrañas, resfriados y gripes continuas… ¿Todo esto es normal?

No es normal, toda esta lista de enfermedades comunes son los gritos de nuestro cuerpo para decirnos que estamos haciendo las cosas muy mal, que debemos cambiar el chip para que las cosas no vayan a mayores con enfermedades muchísimo más graves.

Las malas costumbres alimentarias se unen a la cada vez más complicada tarea de comprar productos libres de colorantes y conservantes. La letra pequeña de los contratos legales y bancarios ha colonizado los productos alimenticios, pervirtiendo la necesidad sagrada de ingerir un alimento dador de vida. Prácticamente se nos ha sesgado la capacidad de comer sano, ya que incluso los productos «teóricamente» sanos ya están plagados de conservantes químicos o, peor aún, de aceite de palma que los convierten en veneno puro para nuestro organismo. Puedo sonar muy alarmista y cuando le he planteado la cuestión a la gente de mi entorno me han dicho «vale, la E-250 que se encuentra en los embutidos es mala, pero por un poco que coma no pasa nada». El problema es que comemos un poco de E-250 de los embutidos, otro poco de E- de las galletas que desayunamos unido al aceite de palma, otro poco de E-471… Y así me podría extender un párrafo, si no me creéis, id a la nevera y revisad la letra pequeña junto con la aplicación Códigos Alimentarios que es un registro de todos los colorantes y conservantes usados por la industria alimentaria con los posibles efectos nocivos para la salud.

¿Qué alternativas tenemos en el aspecto de la alimentación? Ser consecuentes, informarnos y no subordinar nuestra alimentación a la industria. Hacerlo nos costará tiempo en el supermercado revisando los productos antes de comprarlos, pero ¿nos costará más dinero? No tiene por qué, ya que poco a poco empiezan a haber alternativas más económicas, pero el problema real es que hacemos la compra priorizando nuestro tiempo o priorizando nuestro dinero, preferimos ahorrar en la comida para poderlo gastar en artículos que no son de primera necesidad.

Volviendo al asunto de las malas costumbres alimenticias puedo hablar con conocimiento de causa sobre como un mal hábito alimenticio repercute en la salud. Hace unos años viví unos meses de pesadilla con dolores musculares crónicos, malestar general, gastroenteritis permanentes… ¿Qué me pasaba? Que se manifestó una sensibilidad al gluten que venía de la vía paterna de la familia. Esto lo supe después, claro está, antes de descubrirlo pasé por unos meses en los que mi cuerpo me gritaba que dejara de comer pasta y pan, pero yo no supe escucharlo y entré en una dinámica de médicos y analíticas que no sabían dar con la fuente de los síntomas. Ni yo escuchaba a mi cuerpo ni los médicos me escuchaban a mi.

Esta sordera médica que desgraciadamente se da en la actualidad hace que miles de personas tengan que seguir sufriendo dolores y malestar convencidos de que sus «dolencias» son normales o que se pueden curar con una pastilla cuando la realidad es que el problema seguirá acechando hasta que cambiemos el mal hábito que lo genera.

Pero el mío no es el único caso. Una conocida subió un día a las redes sociales una fotografía con todos los medicamentos contra alergias que tomada: era una mesa llena con botes y pastillas… Tenía asma, problemas respiratorios, alergias… Un día por convicciones personales decidió hacerse vegana, y a raíz de este cambio alimentario, que implicó dejar de ingerir tantas carnes (hormonadas), lácteos (con sus trazas de antidepresivos y más hormonas) y productos procesados (con sus conservantes/colorantes) desaparecieron todas sus alergias. Actualmente sólo toma ventolín de tanto en tanto, cuando le da algún ataque de asma, pero por lo demás ya no necesita más pastillas y ha mejorado mucho su calidad de vida. Con ello no estoy defendiendo la opción vegana, ni vegetariana, solo quiero decir que debemos volver a preocuparnos de nuestra alimentación, debemos escuchar a nuestro cuerpo cuando tengamos molestias, ya que es posible que escuchando un poco y cambiando hábitos nos ahorremos muchos dolores de cabeza y visitas infructuosas al médico.

«Mens sana in corpore sano», si el cuerpo no está sano, si no estamos bien, no podremos centrar nuestra energía en crecer espiritualmente, ya que ¿cómo vamos a conectar con las otras realidades si no somos capaces de conectar con nosotros mismos para saber lo que nos pasa? Para sentir las otras realidades, para conectar con el mundo espiritual y recibir sus enseñanzas primero debemos aprender a escucharnos a nosotros para cambiar malos hábitos de vida que nos impiden avanzar.

De hecho es factor en el que han incidido reiteradas veces mis guías espirituales cuando practico el viaje chamánico. Antes comía mucho peor, pero me fui concienciando a través de sus palabras, ya que en los viajes me insistían en que para que el espíritu pueda evolucionar, debe hacerlo también el cuerpo, pues en este plano están unidos. «Come sano, haz ejercicio, respeta tu cuerpo, pues es donde vive tu alma».

Silvia e Isabel.

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