Generalmente cuando pensamos en meditar nos viene a la cabeza la frase: dejar la mente en blanco. Todos la tenemos grabada en la memoria y todos, cuando lo intentamos, nos sentimos frustrados ante la imposibilidad de no pensar en nada. Esto hace que en muchas ocasiones no intentemos más la meditación, o pensemos que no estamos hechos para ello… pero, ¿y si os dijera que en realidad dejar la mente en blanco es un mito?

Meditar no consiste en dejar la mente en blanco, en no pensar en nada… Esto es prácticamente imposible porque el mero hecho de intentar no pensar nos genera pensamientos. El verdadero concepto de meditar (habrá quien difiera, esto es opinión, quedaros con la que más os guste) consiste no en no pensar sino en vaciar la mente. Tal vez penséis que es lo mismo, pero hay un gran matiz: vaciar la mente es ir acallando progresivamente nuestros pensamientos, pero centrándonos en un objetivo.

Nuestra mente está constantemente estresada, tenemos mil cosas en la cabeza: el trabajo, las tareas de la casa, los recados, la familia, los hijos… Acallar todo ese “ruido” es complicado, porque los pensamientos brotan en nuestra mente de forma automática. Así que la manera de acallarla es hacerla trabajar, centrarla. Si nos concentramos al 100% en algo ese “ruido” poco a poco desaparece… Y la clave para hacerlo es la respiración consciente. Esta respiración consiste en inhalar, aguantar, y expirar en el mismo lapso de tiempo. Generalmente se empieza a hacerlo en tres o cinco segundos para cada fase, y progresivamente con la práctica se va alargando el tiempo hasta diez o quince segundos, haciendo así que poco a poco nuestra respiración sea más profunda.

Tal vez os preguntéis ¿eso es todo? La idea es ser plenamente conscientes del proceso de respirar: no sólo contaremos mentalmente los segundos que transcurren en cada fase, también centraremos nuestra atención en nuestro propio cuerpo: sentir como se infla el abdomen y las costillas. Notar que partes se contraen primero cuando expiramos. Qué partes de nuestro cuerpo se tensionan al sostener la respiración… Por supuesto aunque estéis pendientes de todos estos detalles algún pensamiento se colará en vuestra mente, tal vez algo pendiente que tengáis que hacer, algún recuerdo molesto del día… Y ese es el momento en el que tenéis que dejar marchar todos esos pensamientos… ¿Cómo? Pues simplemente observándolos, no dándoles importancia, no permitiendo que os hagan sentir frustrados, pues es normal que aparezcan.

Siempre van a aparecer pensamientos en vuestras meditaciones, el cerebro es así, nos cuela toda esa información que tiene. Simplemente el ejercicio consiste en volver a conectar con uno mismo y sentir la respiración… Seguir contando el tiempo que tardamos en inhalar, aguantar, expirar… La clave es relajarse ante todo el “ruido” que nuestra mente pueda generar. Como si esos pensamientos fuesen un amigo con el que nos cruzamos por la calle, al que saludamos amablemente y luego seguimos nuestro camino tranquilamente.

Con la práctica veréis que cada vez es más fácil concentrarse, y que cada vez son menos los pensamientos que van aflorando de nuestra mente. Aunque por supuesto siempre hay días mejores y días en los que cuesta horrores centrar la mente. Escuchar nuestra respiración y nuestro cuerpo nos ayuda a adentrarnos en ese viaje interior, tan vital para poder desarrollarnos y para entendernos. Os ayudará a desprenderos de capas inútiles, de cargas emocionales innecesarias, os aportará tranquilidad y podréis relajaros y reducir el estrés al que nos vemos sometidos en el día a día.

Aunque en realidad, el gran secreto es que lo que más trabajo os va a costar no es aprender a centraros en la respiración y dejar pasar los pensamientos… Lo que más trabajo os va a costar es buscar un hueco en la agenda para dedicaros a vosotros mismos. Os pondréis excusas: no he tenido tiempo, estaba cansad@, me ha surgido un imprevisto, prefiero esperar un momento en el que esté más tranquil@… Os podéis auto engañar como queráis, porque todas esas excusas sólo demuestran que en realidad no sois dueñ@s de vuestras vidas. Nunca hay un momento propicio y siempre hay mil excusas para no dedicarnos ese tiempo tan necesario. Al final sólo vuestra determinación es lo que os hará seguir adelante, y si sois capaces de dedicaros aunque sea cinco minutos al día, habréis dado un paso enorme, pues habréis comenzado a aprender a doblegar vuestra mente, y sólo cuando somos capaces de darnos forma, es cuando empezamos a andar el camino.

Como siempre ya sabéis que esto es una opinión, experiencias que he ido aprendiendo por el camino y que comparto con vosotr@s por si os ayudan. Recordad que al final tenéis que encontrar vuestro propio camino, y vuestra propia forma de hacer las cosas.

Un saludo a tod@s!

Isabel.

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