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Una de las primeras recomendaciones que se hacen (nosotras la hacemos) a las personas que empiezan a meditar es que deben buscar un momento y lugar tranquilo para no sufrir interrupciones y que a la mente le sea más difícil divagar. Esta es la recomendación básica y la que debéis seguir si sois principiantes, sin embargo si estáis leyendo este post y ya tenéis experiencia meditando o si habéis empezado a practicar chamanismo, en el post de hoy os vamos a proponer varios lugares en los que meditar para llevar la experiencia más allá, salir de la zona de confort y subir un peldaño más en la experiencia sensorial.

Meditar en un lugar público de la ciudad. Este es el primer paso para experimentar. La meditación es un reto para nuestros sentidos, nuestro cerebro y nuestra capacidad para centrarnos, por ello practicar la meditación fuera de nuestro lugar hace que la meditación sea más intensa, ya que es un reto mayor. Primero de todo hemos de superar la “vergüenza” de estar meditando en un sito público, ya sea un parque, una cafetería, el metro o el banco de la calle. Segundo, los ruidos no pararán, en nuestra zona de confort podemos controlar el nivel de ruido aislándonos o buscando una hora tranquila, pero meditar fuera de esta zona implica que los ruidos pueden aparecer en cualquier momento y eso será un reto más que tendremos que superar. Lo que trabajaremos meditando en un lugar público de la ciudad será nuestra capacidad de concentración a niveles extraordinarios, y nuestra capacidad de aislarnos mentalmente en momentos de ruido extremo.

Meditar en la naturaleza. Si lo que queréis es experimentar la conexión profunda con la naturaleza os proponemos que meditéis en un entorno natural, a poder ser un lugar donde la naturaleza se manifieste en toda su potencia, por ejemplo un parque natural, un bosque prácticamente virgen, la cumbre de una montaña, etc. En este caso no vamos a tener problemas con los ruidos y el reto será centrarnos sabiendo que estamos en un lugar abierto, inmenso y apabullante. La naturaleza nos impresionará y será difícil centrar la meditación precisamente por la sensación de libertad. Lo que trabajaremos meditando en un espacio natural será el control de las emociones, ya que el contacto con la naturaleza nos activará la mente y el cuerpo y será todo un reto bajar las revoluciones.

Meditar en la naturaleza de noche. Esta meditación es solo para valientes, literalmente. Parece una tontería, pero un lugar que conocemos como la palma de nuestra mano cambia completamente de noche, nos sentimos más alerta e inseguros, una sensaciones heredadas de generaciones y generaciones que tuvieron que desarrollar una alerta especial a la noche para no morir víctimas de los depredadores nocturnos. Pues imaginad la sensación de intranquilidad al cerrar los ojos en un espacio natural de noche, la imaginación se dispara, aparecen en nuestra mente peligros de todo tipo y esto será todo un reto controlarlo con esta meditación que nos hará trabajar al máximo lo de “callar al cerebro” y, sobre todo, controlar las emociones, ya que cualquier ruido hará que se nos disparen las pulsaciones.

Otras ideas para meditar… Lo que os hemos propuesto arriba es lo más fácil y lo que está más a disposición de todos, pero también podemos innovar y meditar, por ejemplo, dentro del agua, en una cueva, en una iglesia vacía. La “gracia” de este ejercicio es desacostumbrar al cuerpo y a la mente, proponerle nuevos retos para, de esta manera, ganar más experiencia. Al final si siempre hacemos el mismo ejercicio ya no supone ningún reto. Silvia

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