Mucho se habla de alcanzar el equilibrio entre cuerpo y mente, pero ¿y si os dijera que en realidad tenemos 4 cuerpos? 

Recorrer el camino espiritual requiere que tengamos un conocimiento profundo de nosotros mismos. No sólo de lo que definimos como “nuestra identidad” sino también de lo que podríamos describir cómo “los 4 cuerpos” de toda persona, que son:

  • El cuerpo físico. Son nuestros huesos, músculos, vísceras… En resumen nuestra parte material, que es importantísimo cuidar, pues si queremos evolucionar espiritualmente el cuerpo debe estar también preparado, es decir, debe ser un cuerpo activo y sano.
  • El cuerpo emocional. Lo forman todos esos sentimientos que nos acompañan, y que en ocasiones pueden nublar nuestro juicio, o llevarnos por un sendero de drama totalmente innecesario. Las emociones son uno de los motores más fuertes que pueden impulsarnos en la vida, pero como siempre hay que encontrar un equilibrio, no se trata de reprimir, sino de observar y conocernos para poder actuar de una forma sana. Golpear a alguien llevados por la ira, vivir con miedo a perder el trabajo, a perder la pareja, a que nuestros hijos sufran… Toda esa amalgama de emociones pueden bloquear nuestros canales energéticos y provocar: 
    • Malestar físico, pues al final cuando la tensión es insoportable el cuerpo la acaba manifestando en forma de enfermedad o dolor.
    • Bloqueos energéticos, de forma que nuestros chakras pueden cerrarse.
    • Incapacidad para canalizar la energía, por lo que nuestras prácticas energéticas pueden salir mal, o bien ser incapaces de conectar con las energías que nos rodean.
    • Inestabilidad psicológica que puede llevar a la necesidad de consultar a un experto del sector.

Por todo ello es importante encontrar un equilibrio y madurar a nivel emocional para no dejarnos arrastrar por los sentimientos hasta el punto de hacernos daño a nosotros mismos.

  • El cuerpo mental. Lo componen todos esos pensamientos que ocupan nuestra mente y no nos dejan vivir en el presente. Son las preocupaciones por el futuro, las vueltas que le damos al pasado, y las dudas o sospechas sobre nosotros mismos y los que nos rodean. El poder de la mente es tal, que puede hacernos vivir en una realidad totalmente ficticia, y no estoy hablando de enfermedades mentales, sino de que continuamente juzgamos todo nuestro entorno y consideramos esos juicios válidos, construyendo nuestra realidad y nuestras relaciones personales sobre algo que es imaginario en muchos casos. Toda esa amalgama de pensamientos pueden bloquear nuestros canales energéticos y provocar:
    • De nuevo malestar físico, por eso es importante escuchar a nuestro cuerpo ya que nos proporciona pistas de estas afectaciones.
    • Bloqueos energéticos, de forma que nuestros chakras pueden cerrarse.
    • Incapacidad para canalizar la energía, por lo que nuestras prácticas energéticas pueden salir mal, o bien ser incapaces de conectar con las energías que nos rodean.
    • Inestabilidad psicológica que puede llevar a la necesidad de consultar a un experto del sector.
  • El cuerpo espiritual. Es la parte de nosotros que abandona nuestro cuerpo físico y cruza los límites de esta realidad hacia el mundo espiritual. Es la energía que hay en nosotros, nuestra alma o esencia. Los chakras forman parte de él, y de hecho cuando se cierran nuestro cuerpo espiritual está más debilitado y vulnerable. Cuando el cuerpo energético no puede fluir correctamente de nuevo podemos encontrarnos casi los mismos síntomas mencionados anteriormente:
    • Malestar físico: dolores de cabeza, trastornos en el aparato digestivo, debilidad, cansancio, falta de sueño…
    • Incapacidad para canalizar la energía, por lo que nuestras prácticas energéticas pueden salir mal, o bien ser incapaces de conectar con las energías que nos rodean.
    • Inestabilidad psicológica que puede llevar a la necesidad de consultar a un experto del sector.

Es importante entender que para que podamos trabajar energéticamente, e incluso llevar una vida sana, debemos equilibrar estos cuatro cuerpos y buscar la armonía entre ellos, pues los desequilibrios en cada uno de ellos afectan directamente al resto.

Nuestro gran aliado para poder detectar alteraciones va a ser en muchos casos nuestro cuerpo físico, porque si aprendemos a conocerlo y escucharlo veremos que los desequilibrios en los otros tres cuerpos acaban por manifestarse a nivel físico. Por eso es importante cuidar bien de nuestro cuerpo material y mantenerlo sano, porque además de impactar en el equilibrio entre las cuatro partes, si estamos sanos pero a pesar de ellos detectamos en nosotros dolencias, nervios, estrés, insomnio, tensión muscular, etc, probablemente nuestro cuerpo nos esté indicando que algo no marcha bien.

Así que ya sabéis, escuchad a vuestro cuerpo y aprended a conoceros!

Un saludo,

Isabel.

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