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Este post no pretende ser una guía categórica sobre las diferentes etapas que se atraviesan cuando se comienza a andar el camino espiritual, es simplemente una recopilación de las conclusiones que llevo extraídas a partir de mi experiencia totalmente personal.

Escribo este post porque ya llevo dos años realizando viajes chamánicos y teniendo un “diálogo” más o menos fluido con el otro lado. Durante estos dos años he ido avanzando a base de esfuerzo y de perfeccionar eso que se llama “vuelo” que no es nada más y nada menos que entrar en la otra realidad a través del sonido del tambor. Esto ya lo hemos explicado en más de un post, de lo que quiero hablar hoy es de la información y del conocimiento que se va adquiriendo en cada etapa de este camino espiritual.

Primera etapa: escepticismo.

Cuando Isabel me habló de los viajes chamánicos, de lo que eran, de lo que “veía”, “oía” y con quién hablaba, yo era escéptica, y lo era porque aunque los temas ocultos me han fascinado desde adolescente, la mente racional estructurada a base de años de engaño de los cinco sentidos se niega a admitir la existencia de un mundo oculto a los sentidos. Por esta razón por mucho que creas en la palabra de una persona de la que sabes que no te va a engañar, tu cerebro siempre tiene la coletilla del “será fruto de su imaginación”. En esta etapa solo tienes dos caminos: o creerte a tu cerebro y pensar que todo es producto de la imaginación de la otra persona, o lanzarte y experimentar por tí mismo.

Segunda etapa: la sorpresa.

Yo opté por el segundo camino y ello me llevó a la profunda sorpresa, al shock y a la ruptura de los esquemas mentales. Pero vayamos por pasos.

Lo primero que aprendí fue la técnica para realizar el viaje chamánico, algo que debe ser aprendido por alguien que ya conozca de qué va el asunto y te dé la “guía del viaje”, una guía imprescindible para que el viajero primerizo no se asuste, se pierda ni se crea un iluminado.

Una vez se aprenden las bases, consistentes, a grandes rasgos, en dejarse envolver por el sonido del tambor chamánico y viajar por el Árbol de los Mundos, llegamos a lo que es “el otro lado”. Esto ahora mismo os pueden parecer simples nombres, pero aluden a localizaciones reales dentro de la realidad no visible, unas localizaciones que han sido mapeadas por todas las culturas del mundo de diferentes maneras, solo hay que ver los símbolos, estos son representaciones simples del Árbol de los Mundos, el pilar que nos conecta con las otras realidades.

El Árbol de los Mundos es una constante en todas las culturas, un pilar que une realidades y nos pone en contacto con el reino espiritual.

Una vez que las imágenes empiezan a llegar a tu cerebro durante el viaje, se produce la sorpresa, sorpresa porque sabes muy bien que eso que “ves” no lo produce tu cerebro. Es difícil transmitir la sensación, muy complicado, pero para que os hagáis una idea, la sensación que se produce durante el viaje chamánico se podría comparar al sueño lúcido, pero con la peculiaridad de que estás completamente consciente. Si alguna vez habéis experimentado un sueño lúcido sabréis que os deja la sensación de: esto no lo ha producido mi mente. Y más si durante ese sueño experimentáis una visión del futuro o habláis con familiares ya difuntos.

Tercera etapa: curiosidad vs escepticismo.

Pasada la euforia del primer viaje chamánico llega el aterrizaje a la realidad de los sentidos y, de nuevo, el escepticismo aflora como una mala hierba. En esta tercera fase convivirán durante un tiempo la curiosidad y el escepticismo. Curiosidad por saber a donde llega la madriguera del conejo y escepticismo por la falta de evidencias tangibles. Estas dos fuerzas irán tirando de nuestra mente y habrá días que una gane la partida sobre la otra.

En esta etapa los animales de poder y guías nos instruirán, nos ayudarán y nos guiarán por un mundo nuevo, nos abrirán las puertas a la otra realidad para que poco a poco vayamos comprendiendo la naturaleza del mundo visible y no visible. Pero este aprendizaje será lento, tan lento que habrá días en los que desistamos, en los que el escepticismo dé la vuelta a la tortilla y nos cerremos en banda, pero las fuerzas invisibles nos enviarán señales inequívocas que reaviven nuestra curiosidad.

Cuarta etapa: los viajes dan sus frutos.

Cada viaje será una lección que nos irá rompiendo los esquemas mentales y nos enseñe que en realidad no sabemos nada. Estas pistas dadas desde el otro lado tendrá que ser complementada con nuestro esfuerzo en esta realidad, un esfuerzo que será multidisciplinar: esfuerzo por cambiar nuestros hábitos de vida, nuestra manera de ver el mundo, nuestro manera de tratar a los demás, a la naturaleza, a los animales, esfuerzo por leer y continuar recibiendo información.

En esta etapa los viajes serán fructíferos, viajaremos a lugares nunca imaginados y tendremos un «subidón» de entusiasmo, querremos compartir este nuevo mundo con nuestros conocidos y conoceremos el valor del silencio, silencio por la incomprensión de las personas que todavía están en el punto 0. Será una etapa emocionante y un poco frustrante por no poder compartir lo que vamos aprendiendo, sin embargo Isabel y yo superamos esta etapa abriendo Kennari para compartir la información y que toda persona interesada en estos temas pueda empezar su camino.

Quinta etapa: acertijos y aprendizaje.

Esta es la etapa en la que me encuentro. Llevo unos meses realizando viajes y me he dado cuenta de que cada vez me dan menos información, el diálogo que al principio era fluido, es ahora parco en palabras. En un primer momento pensé que tenía un bloqueo espectacular, que mis guías me habían abandonado, que algo estaba haciendo mal, sin embargo un buen día simplemente me hablaron sobre el simbolismo del laberinto, me dieron una información tan clara y precisa que comprendí que la conexión seguía ahí. Entonces, ¿por qué no todos los viajes chamánicos eran tan fructíferos? La respuesta llegó durante otro viaje:

“No te vamos a contar cosas que ya están en los libros. Esas preguntas que formulas ya fueron debidamente respondidas hace tiempo y puestas en libros, no podemos estar respondiendo continuamente las mismas preguntas, nosotros solo te podemos dar el índice, la pista que te lleve al libro donde se encuentra la información”.

Básicamente me estaban diciendo que leyera, que siguiera las pistas, que me instruyera en esta realidad, ya que la información se encuentra por doquier y llegar a ella solo depende de nosotros. Es algo así como las etapas de aprendizaje de un niño, al principio los padres le dan las respuestas y a medida que crece, los padres no pueden estar permanentemente respondiendo, simplemente le dan las pistas para que el niño vaya descubriendo las claves de la vida él solito.

Justo cuando comprendía esto, volví a leer un párrafo del libro En los oscuros lugares del saber de Peter Kingsley que hace meses subrayé. Os lo cito aquí porque creo que ejemplifica muy bien esta quinta etapa del aprendizaje:

En cuanto alguien se convertía en pitagórico, la cuestión era que cada vez se aprendía menos. Había menos respuestas y más enigmas. Podían facilitarse técnicas para entrar en otros estados de conciencia. Por otra parte, el énfasis se ponía cada vez menos en recibir enseñanzas y cada vez más en encontrar los recursos internos para descubrir las respuestas propias en el interior de cada uno.

Información del interior de uno mismo, información que está desperdigada por el mundo y pistas dadas desde el otro lado para que lleguemos a una nueva pista que nos hará abrir un nuevo cofre lleno de enigmas. Sin embargo esos enigmas nos irán desvelando poco a poco un universo de información que tendremos que asimilar internamente por nuestra cuenta.

Silvia.

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2 pensiamientos en “Las etapas del aprendizaje espiritual

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