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Lo que tenía que ser la celebración de San Juan, un día para aprovechar las energías, reunirse con la familia y los amigos y dar la bienvenida al verano se ha convertido en un ejemplo de la degradación de la sociedad y de la nula conciencia medioambiental.

Tristeza, vergüenza y mucha rabia es lo que he sentido al ver las noticias tras la verbena de San Juan, noticias en las que se podían ver las playas de España convertidas en auténticos vertederos. Botellas de plástico, bolsas, latas, restos de comida… Toneladas y toneladas de basura dejada por miles de personas que demuestran que la consecución de una conciencia ecológica por parte de la mayoría de la humanidad es una utopía.

Reducir, reciclar y reutilizar es un lema que nos vienen repitiendo desde hace años, un lema que se ha convertido en un mantra de pura supervivencia del planeta, dadas las cifras del plástico que ya navega por los océanos.

Animales marinos muertos por confundir nuestra basura con su alimento son noticias que aparecen prácticamente cada día y nos causan un impacto, pero dicho impacto se diluye a las primeras de cambio. Estoy segura que muchas de las personas que dejaron su basura en las playas el día de la verbena se conmuevan al ver la noticia de una ballena muerta por consumir un montón de kilos de bolsas de plástico, sin embargo estas mismas personas no son capaces de recoger su basura y llevarla al contenedor amarillo.

Los solsticios y equinoccios se llevan celebrando desde los albores de la humanidad, fiestas agrícolas, en honor a los ancestros, fiestas para celebrar la fertilidad y, actualmente, fiestas para celebrar el consumismo y la autodestrucción. Así de crudo suena, pero es así, sino solo hay que ver las toneladas de basura que se generan tras el día de Navidad o Reyes y, ahora también, tras la verbena de San Juan. ¿Es que no sabemos celebrar sin consumir como si fuéramos una plaga de langostas que arrasan a su paso?

He querido escribir este post de crítica porque si consigue llegar a unas decenas de personas y vean lo que yo veo ya habrá valido la pena. Todos tenemos que cambiar el chip para reducir y frenar la vorágine de consumo, y no es fácil, ya que todo en nuestro día a día nos empuja a la rapidez y el usar y tirar, pero introduciendo pequeños cambios podemos conseguir grandes mejoras, un simple ejemplo: llevarnos al trabajo una botella de cristal y rellenarla en el grifo en vez de consumir cada día una botella de plástico. O llevarnos de casa los cubiertos en vez de pedir cada día un juego de cubiertos de plásticos. O, el colmo de la obviedad, llevar una bolsa reutilizable llena de bolsas reutilizables en vez de coger una bolsa nueva cada vez que vamos a comprar. No es tan difícil buscar alternativas, el problema es que todos, repito TODOS, nos hemos vuelto profundamente cómodos.

Silvia.

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