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La luna nos ha fascinado desde el inicio de la humanidad. Su brillo nocturno debió de ser un bálsamo para los seres humanos primigenios los cuales estaban a merced de la oscuridad y de los depredadores que se ocultaban en las sombras. La luz era vida, el sol traía el calor y la visibilidad, y nuestro satélite era portadora de una parte de esa luz solar, tan vital para la supervivencia nocturna. Si alguna vez habéis salido al campo una noche de luna llena, lejos de la luz eléctrica, habréis comprobado que es perfectamente posible andar sin soporte lumínico artificial. Imaginad entonces lo mágica que debía ser la luna llena para nuestros antepasados, un faro en mitad del cielo, un emisario del Sol que iluminaba la noche cada 28 días.

Además del factor físico de poder ver en la noche, nuestros antepasados comprobaron que ejercía una influencia en las plantas y los animales. Ya en un tiempo mucho más moderno nuestros abuelos se convirtieron en los custodios de esta sabiduría agrícola lunar que se mantiene gracias a los almanaques como el calendario Zaragozano o l´Ermità.

Además de sus claras influencias físicas a la luna se le ha atribuido un poder oculto en todas las culturas. Un poder oculto mágico que a día de hoy sigue muy afianzado en la memoria colectiva aunque a nivel científico se haya querido demostrar que no ejerce ninguna influencia en el comportamiento humano.

Pero aunque la ciencia intente pintarnos la luna como un trozo de piedra inerte orbitando la Tierra, ello no nos va a librar de su influencia, una influencia imposible de medir a nivel científico, ya que a cada cual la luna le afecta de forma diferente. ¿Que no haya una prueba clara que señale a la luna como la “culpable” de determinados comportamientos significa que la luna no tiene nada que ver? Evidentemente no.

Pero, ¿cómo nos puede llegar a influir la luna llena?

  • Desequilibrando nuestro carácter. La luna está ligada al elemento agua por su clara influencia en las mareas y la subidas de la sabia de las plantas, además el elemento agua está directamente relacionado con los sentimientos. Si no entendemos estas relaciones nos veremos a merced de sus influencias, capaces de alterar nuestros estados emocionales a niveles que pueden desequilibrarnos y causar conflictos en nuestro entorno familiar, laboral o sentimental.
  • Favoreciendo los sueños vívidos. El elemento agua es el elemento ligado a la psique y a la manifestación de las capacidades psíquicas que todos tenemos pero que permanecen aletargadas. La luna llena ejerce de despertador de esas capacidades psíquicas, por lo que es posible que en fase lunar llena tengamos sueños muy vívidos o sueños premonitorios.
  • Desequilibrando el sueño. La luna llena estimula nuestros canales perceptivos por lo que es normal que durante esta fase se nos altere el sueño con despertares súbitos, visualización de imágenes antes de dormir o antes de despertar, sueño movido y con poco descanso, etc. Todo esto se debe a que su energía abre nuestros canales perceptivos sin nosotros poderlo controlar y el caudal de información que llega a nuestro cerebro impide que podamos descansar de forma habitual.
  • Mayor percepción en vigilia. La estimulación de los canales perceptivos no solo ocurre de noche, por el día la luna llena también nos afecta y lo podemos llegar a notar con una mayor capacidad para percibir zonas cargadas energéticamente, mayor sensibilidad a las emociones de los demás o manifestación de pequeños flashes de telepatía.

La luna es el símbolo de los poderes ocultos, de la magia y de lo desconocido. Brilla y se oscurece, es luz y oscuridad, es dual, por lo que su influencia nos puede afectar negativamente si ignoramos su poder o podemos aprovechar dicha influencia para ir desarrollando poco a poco esos poderes que todos tenemos, pero que se mantienen aletargados la mayor parte de nuestra vida.

Silvia.

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