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Hacía mucho tiempo que no compartíamos un cuento en Kennari y creo que este merece mucho la pena, ya que nos permite conocer uno de los árboles singulares y centenarios que aún quedan en la Península Ibérica, concretamente la Carrasca de Lecina, que se encuentra en Lecina en la provincia de Huesca y que se estima que puede tener alrededor de mil años.

La carrasca, también conocida como encina, es un árbol muy común en la zona mediterránea que puede llegar a medir 16 metros y cuyos frutos son las bellotas, muy apreciadas antaño por los pobladores celtíberos que las consideraron sagradas.

“Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo el pueblo de Lecina estaba rodeado de un gran bosque de robles y encinas en el que vivían ocultos a los ojos de los hombres lobos, osos y, también, brujas. Los vecinos del pueblo tenían miedo a las brujas, ya que eran las responsables de algunas de las desgracias del pueblo, por lo que los habitantes no osaban entrar en el misterioso bosque.

Las carrascas, en cambio, estaban muy contentas de tener a las brujas entre sus habitantes, ya que impedían que los humanos entraran en sus dominios para hacer leña. Pero una de las carrascas más jóvenes no estaba de acuerdo con las actividades de las brujas y sentía pena por lo habitantes del pueblo, por lo que esta pequeña encina no dejaba que las brujas se refugiaran entre sus ramas.

La rebeldía de la pequeña encina causaba enormes discusiones con el resto de los árboles y las brujas, que escucharon los argumentos de la encina, decidieron marcharse a otro bosque, no sin antes conceder una serie de dones a las carrascas que les habían dado cobijo.

Unas carrascas quisieron convertirse en árboles de oro macizo, otras pidieron ser transformadas en cristal puro y transparente y las demás quisieron ser tan fragantes como las plantas aromáticas. Cuando le tocó decidir su don a la pequeña carrasca, ella decidió quedarse tal y como era.

Las brujas se marcharon y las encinas se transformaron, pero poco duró su alegría, ya que al poco tiempo se desató una terrible tormenta que destrozó las hojas y las ramas de las encinas que habían pedido convertirse en cristal y, al poco tiempo, murieron…

No corrieron mejor suerte las encinas que pidieron ser tan fragantes como las plantas aromáticas, ya que los rebaños de ovejas y cabras las devoraron sin remedio.

Las únicas que quedaron fueron las carrascas de oro, pero tampoco duraron mucho, ya que cuando los humanos las descubrieron, las saquearon para saciar su avaricia.

¿Quién quedó en el antaño gran bosque? La pequeña carrasca que pidió seguir siendo tal cual era, desde entonces fue respetada y no paró de crecer, y quedó como la única superviviente del gran bosque”.

Una leyenda singular para explicar el origen y la supervivencia de un árbol singular, uno de los muchos que aún quedan en rincones perdidos de la Península Ibérica y que son mudos testigos de un pasado en el que nuestro territorio estaba poblado por frondosos bosques de los que hoy solo quedan algunos fragmentos.

Fuente de la leyenda http://www.mbernal.net/arboles-con-nombre/la-carrasca-de-lecina-la-castanera-de-carruesco

Foto de portada: https://www.flickr.com/photos/mohorte/8033342347/

Silvia.

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