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En brujería o chamanismo hay un concepto que es el enraizamiento, que básicamente es invocar las energías telúricas y celestes, y crear un círculo para estar protegidos durante el viaje al otro lado. Esta es la definición más simple, pero este enraizamiento es algo más complejo que suele ir acompañado de la utilización de una serie de objetos rituales para canalizar estas energías y “llamar” a los guías y animales para que nos ayuden durante el viaje. Los objetos más comunes para realizar el enraizamiento se suelen colocar en el altar y suelen ser:

Velas: para invocar el elemento fuego y que la luz de la llama nos guía durante el viaje.

Inciensos: para invocar el elemento aire y que el aroma del incienso ayude a nuestro cerebro a relajarse y entrar en un estado adecuado para el viaje.

Athame o varas: los objetos puntiagudos, generalmente de hierro o cuarzo son unos potentes canalizadores y son los más adecuados para dirigir las energías celestes y telúricas en la creación de nuestro círculo.

Elementos de la naturaleza: plumas, huesos, piedras, minerales, tierra de un lugar de poder, semillas… Todos estos elementos nos ponen en contacto con lugares especiales o con nuestro animal de poder. Es vital tenerlos siempre cerca cuando hagamos un viaje por una razón muy simple: nos ayudan a enraizarnos nosotros y amplifican el eco en esta dimensión de las entidades espirituales. Básicamente estos objetos consagrados o dedicados a nuestros guías facilitan la comunicación entre esta dimensión física y la dimensión espiritual. Si no los tenemos cerca, hacemos el viaje en un lugar en el que no estén estos objetos, lo más probable es que no visualicemos bien o, directamente no visualicemos. Y digo todo esto por propia experiencia.

Después de muchos meses practicando chamanismo en el mismo lugar cambié la rutina y comencé a hacer los viaje en otra casa, sin ninguno de mis objetos consagrados, pensando que “tampoco sería para tanto”. Al principio lo de no visualizar bien lo achaqué a estar cansada, desconcentrada o desmotivada, hasta que un día que me puse seria pregunté y me dijeron “no visualizas bien porque no nos oyes y no nos oyes porque no podemos enraizarnos en este lugar”. Me quedé sorprendida y luego até cabos, en esa casa no había ningún objeto de “poder”, todos ellos estaban en mi residencia habitual, por esta razón no conseguía que la comunicación fluyera como al principio.

Ahora parece algo obvio y a estas alturas ya debería saber que los objetos son muy poderosos, pero muchas veces olvidamos lo aprendido o, simplemente, subestimamos que una simple pluma pueda abrir un portal de comunicación con el otro lado.

Silvia.

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