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Para honrar a los ancestros en este día 31 de Octubre os traemos la segunda parte del especial que os hemos preparado. En esta ocasión queremos compartir con vosotros una historia real de difuntos .como tributo a todos aquellos que ya no están entre nosotros. Esperamos que os guste y os deseamos de todo corazón que tengáis una buena noche de Samhain o bien Día de Difuntos, según lo celebréis.

En memoria de mi abuelo

«Mi abuelo murió hace unos años, después de una muy larga y triste agonía. Yo no tenía una relación especialmente buena con mi abuelo, aunque tampoco es que nos lleváramos mal, simplemente no éramos dos personas muy cariñosas o apegadas. Pero hace unos meses comencé a soñar que llamaba a la puerta de mi casa… Si un sueño como este ocurre mi experiencia me suele decir que algo me quieren decir desde el Otro Lado. Por si fuera poco el sueño se repitió unas cuantas veces…

En él mi abuelo llamaba a mi puerta y me daba un objeto, me decía que quería ayudarme, que quería cuidar de mí, así que debía llevar ese objeto encima. Que era algo que él me había regalado y lo tenía en casa sin usar. El problema es que no veía nunca el objeto bien. La primera vez me pareció una pulsera de tela, la segunda no distinguí nada, otra vez vi un dedal de plata… Pero yo no tenía ningún objeto así en casa que me hubiera regalado mi abuelo.

Tras rebuscar por la casa recuperé varias cosas de las que dudaba de su origen: un mandil de tela, unas pulseras de plata de mi madre (que podían haber sido un regalo de mi abuelo a ella) y un pequeño arcón. Tras una llamada a mi madre me explicó que ni el mandil ni el arcón eran de mi abuelo, pero de todas las pulseras de plata había alguna que había sido un regalo de mi abuelo… ¿pero cuál?

Empecé a llevar las pulseras pero no soy una persona muy dada a llevar joyas, así que unas diez pulseras de plata en mi muñeca era algo que me molestaba demasiado… Una noche al quitármelas y dejarlas en la mesilla de noche le dije a mi abuelo que me podía decir que pulsera era la suya para no tener que ir todo el día cargada… A la mañana siguiente las pulseras estaban en el mismo lugar en que las dejé… todas excepto una, la más sencilla de todas: un simple aro sin decoración ni filigranas.

Pensé que ya tenía mi respuesta y empecé a llevar siempre la pulsera encima. Desde que lo hice dejé de soñar con mi abuelo, y es más, al cabo de unos días mi madre me llamó para decirme que había recordado que pulsera era la que le había regalado mi abuelo: la más simple, la que tiene forma de aro sin decoración. Ahora cada vez que la veo me acuerdo de él, me siento protegida, y por eso quiero aprovechar este post para dar las gracias a mi abuelo, y como él a los miles de difuntos protectores que tenemos y de los que no somos conscientes. Esta es su noche, y en su honor encenderé una vela. Gracias por estar ahí».

Isabel.

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