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Todos conocemos lo que cada una de estas palabras significa por separado. El estrés lo hemos sufrido todos en algún momento, es ese estado de tensión contínua por un peligro inexistente que nos provoca estados de ansiedad e irritabilidad y que mina nuestro estado de ánimo general. Y espiritual es todo aquello que hace referencia al mundo invisible, a lo intangible, al alma a todo lo relacionado con lo esotérico. ¿Y qué significa el concepto de estrés espiritual?

Estas dos palabras definen un estado de ansiedad provocado por cualquier tema que tenga que ver con la espiritualidad. Y no me estoy refiriendo al miedo o al estrés por ver una película de miedo sobrenatural, sino al estrés que provoca el sentirnos ignorantes ante la magnitud de información sobre el mundo oculto.

Estrés ante la muerte

Pongo este a la cabeza ya que es un estrés que sufre el mundo occidental. El otro día escuché un podcast en el que hablaban de la inmortalidad del alma tras la muerte y en dicho podcast se decía que el ser humano es el único ser vivo que siente auténtico pavor por la muerte. La multitud de información esotérica que hay sobre el tema: espiritismo, contacto con fantasmas, purgatorio, psicofonías… Puede hacer que nos agobiemos bastante intentando sacar una conclusión clara sobre la eterna pregunta: ¿hay vida después de la muerte?

Estrés por conocer las vidas pasadas

Este estrés es un poco más ameno que el anterior, ya que la persona que es estresa por conocer sus vidas pasadas ya ha asumido que hay vida tras la muerte, así que este peso por lo menos se lo ha quitado de encima. Pero ello no le evita sentir otro tipo de estrés, el relaciondado por recordar todo lo que tiene que ver con sus vidas pasadas. ¿Fui buena? ¿Fui mala? ¿Cómo viví, cómo morí? ¿Fui alguien importante? El pasado pasado está, y preocuparnos por este pasado que está más allá de nuestra vida solo nos va a provocar agobio, ya que no va a haber ninguna fórmula para que tengamos una confirmación a ciencia cierta sobre lo que fuimo e hicimos.

Estrés por tener un buen karma

El retorno de nuestras acciones también puede generarnos estrés. ¿Lo que hice en el pasado es la explicación a mi vida desastrosa? ¿Existe el karma? Yo creo que sí, pero no podemos vivir agobiados por ñas acciones de vidas que no recordamos. Puede que fuéramos tiranos déspotas, asesinos o soldados obligados a matar. ¿Qué karma nos generaría dichas acciones? Yo confío en el universo y en la manera que tiene de equilibrar y perdonar acciones pasadas, eso me libera de mucho estrés sobre el pasado, pero también soy consciente de que las acciones del ahora sí que las recuerdo y para mí son las que cuentan para la eterna balanza.

Estrés por conocer el futuro

Tarot, runas, oráculos, sueños premonitorios, el vuelo de los pájaros… Hay cientos de sistemas oraculares que se han utilizado para conocer el futuro y poder actuar de una manera u otra. Está muy bien interesarse por estas herramientas, ya que pueden sernos útiles en determinados momentos, pero si les damos toda la responsabilidad de nuestros actos a las tiradas, vamos a generarnos una dependencia insana que nos impedirá tomar decisiones libremente.

Estrés por sentir fenómenos que no conocemos

Por ejemplo la empatía psíquica, tener sueños premonitorios, sentir presencias… Si esto lo vive alguien que no ha tenido ningún tipo de contacto con la espiritualidad puede hacerle sentir mucha angustia, angustia que le lleve a un ansia de información por obtener respuestas a su estado.

Estrés por actuar de modo “espiritual”

Hace poco compartimos en el Facebook un artículo de la web Hijo de Vecino en el que se abordaba la dicotomía entre ser espiritual y actuar de la manera en la que se supone que debe actuar una persona espiritual. Os recomiendo la lectura de este artículo para profundizar más en este tema, ya que se puede ser yogui, ser practicante de chamanismo, ser religioso, ser monje… etc ¡y cabrearnos! Todos somos humanos y estamos en esta vida para aprender y equivocarnos, incluso las personas espirituales también tienen sus días malos y pueden mandar a paseo por unos segundos todas las enseñanzas que han adquirido si ese día alguien nos toca demasiado las narices.

¿Os sentís identificados con alguno de estos puntos?

Silvia

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