Hoy me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre los guías espirituales, que ha surgido como casi siempre a raíz de una conversación. Antes de continuar aclarar que es una opinión, lo digo porque no es mi intención ser polémica o levantar ampollas, pero a estas alturas de mi vida es lo que pienso, lo que no quita que en mi continuo crecimiento personal, llegue a cambiar de opinión en un futuro.

Quisiera que reflexionáramos sobre el concepto que tenemos de estas entidades, ya sean guías o animales de poder. En mis inicios, cuando comenzaba la práctica chamánica, muchas veces venían a mí pensamientos como: “Hoy no voy a ir a preguntarles nada, que sean ellos quienes me digan en qué debo trabajar”, o “Pobres, siempre venimos con preguntas, hoy voy simplemente a visitarles”. Estos pensamientos, en el peor de los casos ocultan muchas veces una falsa modestia, y en el mejor una buena voluntad, pero que es algo muy propio de nuestro pensamiento todavía inmaduro, o nuestra visión limitada. ¿Por qué afirmo esto? Porque son ellos mismos quienes me han aleccionado así. Desconozco si tal vez lo hayan hecho en un intento de adaptarse a mi carácter, activo y directo, pero me lo han dejado muy claro en varias ocasiones: “Aquí se viene a trabajar, y estamos muy ocupados como para ser objeto de una visita banal o para ser testigos de tus indecisiones. Si nos buscas, que sea con conocimiento de causa, que sea para aprender lo que de verdad quieres saber, y ya nosotros te diremos si estás preparada o no, pero sé honesta y ven con una intención clara”.

Pero hagamos una metáfora para poder entender mejor el mensaje. Imaginad que nuestros guías son profesores en una escuela, y lo son por vocación, así que cuando hay un alumno implicado eso les hace felices, disfrutan viendo crecer a sus alumnos. Imaginemos ahora que esta escuela es voluntaria, es decir, los alumnos sólo van cuando quieren, y los profesores están allí deseando ver los progresos de sus alumnos. Imaginad que se presentan dos de ellos. El primero dice: “A raíz de nuestra conversación del otro día sobre plantas medicinales, me he estado documentando sobre los especímenes locales, y este fin de semana he salido a recoger algunos, para experimentar un poco”. Y el segundo dice: “Hola, yo sólo he venido a saludar porque he pensado que estarías muy solo”.

Nadie negará que el alumno dos tiene buen corazón pero… no parece que esté aprovechando mucho las clases, ¿no?

Cómo ya he dicho antes, no me gustaría que nadie se sintiera ofendido, e insisto que si ahora me considero como el alumno uno es porque antes he sido yo misma un alumno dos… Desde aquí os animo a todos a ser activos, a preguntar, a querer saber más, a demostrar curiosidad, hay que aprovechar la oportunidad única de tener acceso a estas entidades (son un regalo!). Si queréis demostrarles cariño o respeto podéis hacerlo practicando el aprendizaje activo, demostrando interés en lo que comparten con nosotros, hablad con ellos y luego indagad, buscad información complementaria, haced experimentos para ver si es cierto lo que cuentan… y luego devolvedles la visita y contádselo, y preguntadles más. No hay mayor satisfacción para un maestro, que ver investigar y experimentar a sus alumnos.

Isabel.

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