Los antiguos griegos sentaron las bases del pensamiento lógico y filosófico, pero hay partes de la historia que no nos las han contado o no nos las han contado exactamente como fueron. El filósofo Patrick Harpur expone en Los oscuros lugares del saber que el padre de la filosofía Parménides fue sacerdote de Apolo y como tal tenía acceso a un nivel de conocimiento esotérico que se ha olvidado.

Este libro que os recomendamos no es apto para gente que quiera una lectura fácil, tampoco es apto para todos aquellos a los que no les haya interesado mínimamente la filosofía. Este libro es perfecto para todos los que quieran profundizar en las raíces místicas del pensamiento filosófico de los primeros pensadores de la historia de la cultura occidental.

Poco se sabe de Parménides, de este filósofo presocrático solo nos legó un poema del cual solo se conservan fragmentos. Dicho poema es el que desmenuza Peter Kingsley y lo pone en contexto con los orígenes de Parménides y los descubrimientos que se hicieron en su ciudad natal, Elea (sur de Italia).

El autor nos adentra, poco a poco, en un mundo de sacerdotes de Apolo, técnicas de conexión con los dioses y curación a través del sueño que no nos han explicado cuando dábamos filosofía ni historia de la antigua Grecia. A nadie le explicaron qué era un “iatromantis”, tampoco nos explicaron que los Griegos acudían a cavernas y santuarios bajo tierra para entrar en un estado alterado de conciencia que los ponía en contacto con los dioses para que éstos les curaran.

“Antes de que se creara lo que ahora se conoce como medicina “racional” en Occidente, la curación estaba siempre relacionada con lo divino (…). La gente se acostaba en un recinto cerrado, que muchas veces era una caverna. Y se quedaba dormida y soñaba o bien entraba en un estado que, según las descripciones, no era ni sueño ni vigilia, hasta que terminaba por tener una visión: algunas veces la visión o el sueño los enfrentaba con un dios, la diosa o el héroe, y así se  producía la curación”.

Cuanto más me adentraba en el libro más me iba sonando lo que estaba leyendo, todo me recordaba a algunas de las técnicas usadas en chamanismo hasta que el propio autor especula con el origen chamánico de algunas de las técnicas empleadas por los sacerdotes de Apolo.

Estos sacerdotes tenían un nombre que ya hemos mencionado “iatromanti”, palabra que se divide en iatros, sanador, y manti, profecía. Este tipo de sanadores curaban a través de la profecía, pero entendida de una manera muy diferente a lo que entendemos por profecía hoy en día:

“Actualmente pensamos que tiene que ver con la adivinación del futuro. Y, sin embargo, eso sólo es resultado de siglos dedicados a banalizar lo que para los griegos era algo muy distinto. Significaba dar voz a lo que no la tiene, actuar como portavoz de lo divino. Todo tenía que ver con ser capaz de ponerse en contacto -y después hablar- desde otro nivel de conciencia”.

El libro nos da más pistas sobre cómo se producía este “extásis” que llevaba al enfermo a un estado que no era “ni sueño ni vigilia”, sino que era otro estado de la conciencia completamente diferente, sublime y curativo. Un estado en el que entraba en contacto con la divinidad.

Para acabar deciros que este libro es muy recomendable para dar un giro a la percepción que teníamos de los antiguos griegos, ya que el autor incluye unas reflexiones que hacen pensar, nos presenta a los griegos como gente que tenía un pensamiento místico y mágico, algo que se ocultó y se distorsionó por parte de los filósofos posteriores, ¿con qué propósito?

Silvia.

 

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