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El simbolismo del laberinto

Uno de los símbolos más antiguos de la humanidad es el del laberinto, o más concretamente el dibujo circular con una serie de caminos sinuosos que desembocan en una zona central.

Lo que la mitología nos ha legado es que el laberinto es una cárcel con una única salida que hay que encontrar para alcanzar la libertad. Es un camino con numerosos obstáculos, como la vida misma.

Sin embargo si nos fijamos en la forma del diseño del laberinto más antiguo que se conoce podremos extraer un poco más de jugo esotérico a este símbolo. Ya lo hemos dicho más de una vez, todo en esta vida tiene un doble o triple significado, dependiendo del grado de iniciación que tengamos, y en el caso del laberinto nos podemos quedar con la imagen alegórica de un camino de obstáculos que simbolizaría la vida, o podemos profundizar un poco más.

En esta serie de imágenes vemos uno de los diseños más repetidos a lo largo y ancho del mundo cuando hablamos de laberintos. Es un diseño que se encuentra en múltiples lugares cuyos respectivos habitantes dibujaron exactamente lo mismo pese a que los separaban miles de kilómetros. Es fascinante como una imagen se pudo extender por toda la Tierra con un patrón de diseño prácticamente calcado.

No se ha llegado a ninguna conclusión clara sobre el significado de estos grabados en la piedra, el suelo o las paredes, se dice que podrían ser representaciones de la cúpula celeste, los movimientos del Sol, la Luna o un mapa, pero ninguna de estas teorías explica por qué estos laberintos aparecieron en distintos lugares con un patrón de diseño calcado. ¿A qué se parece este dibujo que nuestros antepasados se empeñaron en legar a las generaciones futuras?

Ahora visto con perspectiva la respuesta parece clara. ¿Y si los antiguos seres humanos de hace miles de años conocían el diseño de nuestro cerebro y lo representaron en la piedra? 

En uno de mis viajes chamánicos me explicaron algo que visto ahora parece una obviedad, una información que ha estado ahí durante siglos y que se ha pasado por alto. El laberinto es una representación alegórica del cerebro humano, con sus pliegues y repliegues y con un centro libre de esos caminos sinuosos, un centro que si logramos alcanzar nos abrirá la puerta a los mundos no visibles.

¿Puede ser que el centro del laberinto sea en realidad el centro de nuestro cerebro? Ahí se dice que se encuentra el tercer ojo ese chakra que tenemos dormido y cuyo despertar nos permite adentrarnos en los mundos no visibles, salir de nuestra realidad para navegar por otras que tenemos cerca y lejos a la vez.

Cuando queremos meditar, ascender, elevar, nuestra consciencia tenemos que entrar en el laberinto, acallar la mente consciente, navegar por esos pliegues del cerebro que procesan la información diaria y que nos despistan de nuestro objetivo: calmar la mente para poder llegar al centro. Ese centro es ese estado de no pensamiento, de suspensión consciente que hará que las imágenes del otro lado comiencen a fluir a medida que el tercer ojo se vaya abriendo.

Pero como digo, para llegar al centro tendremos que atravesar todo el laberinto cerebral, doblar esquinas de miedos, inquietudes diarias, estrés, preocupaciones que no nos llevarán a ninguna parte y que nos alejarán del centro.

Siempre se ha hablado de encontrar nuestro centro cuando queremos meditar, pues ahí tenemos el centro, es el centro del laberinto, el centro de nuestro cerebro.

Cuando meditéis, visualizad el objetivo, llegar al centro del laberinto. Cada uno deberá transitar el suyo propio, los habrá sencillos o complicados, con Minotauro o sin él, y la forma de esos laberintos dependerá del tipo de vida que tengamos, de nuestras cargas, de nuestros miedos. Llegar al centro solo depende de nosotros.

Silvia.

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