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El simbolismo del Carro y el Caballo

Indagando sobre la simbología del caballo me he encontrado con una confluencia de casualidades. ¿Qué relación tienen Platón, la metafísica hindú y el tarot en relación con la simbología del carro tirado por caballos? Podría parecer que estos mundos están a años luz de tener algo en común, pero como digo a veces el universo nos pone las cartas sobre la mesa para que nosotros hilemos las conclusiones y eso me pasó con estos tres mundos.

Empecemos por lo más alejado a nuestra cultura: la metafísica Hindú y en concreto lo que nos dice el Katha Upanishad sobre cómo dominar los instintos. La Ratha Kalpana (parábola del Carro) nos presenta una serie de figuras alegóricas entre las que encontramos el cuerpo equiparado al carro, los caballos serían los sentidos, las riendas serían la mente y el jinete el conductor del carro. ¿Quién sería el pasajero? El “Yo”, y todo lo que se percibe por los sentidos sería el camino que toma el carro. Como veis la alegoría es bastante compleja y ejemplifica bastante bien las ataduras que sufre el hombre sujeto a los vaivenes de los sentidos, las emociones y la frustración por controlar las emociones desatadas cuando sabemos que son nocivas pero no podemos evitar sentirlas y sufrir sus consecuencias.

Cuando los sentidos están saturados por los estímulos externos son como caballos desbocados y con este panorama la mente (las riendas) va sin control, con lo cual todo el mecanismo va sin frenos: el jinete (la conciencia) no puede controlar el carro (cuerpo) y el pasajero (el “Yo”) sufre las consecuencias.

Pongamos un ejemplo más mundano para entender esta alegoría. Imaginad una situación estresante en vuestro trabajo, uno de esos días en que la faena os sobrepasa y tanto los compañeros como los jefes están nerviosos porque el trabajo no sale. Vuestros sentidos perciben la tensión y la presión ante la hipotética situación de no tener la faena a punto. Si la mente está saturada (las riendas van sueltas, por culpa de los caballos desbocados) y nuestra conciencia (el jinete no se hace con el control de las riendas) no consigue quitar leña a la situación, todo el conjunto se viene abajo, con un cuerpo sufriendo un ataque de ansiedad (o un carro cayendo por un precipicio).

En textos de la Antigua Grecia, concretamente en el Fredro de Platón, también encontramos una alegoría parecida a la del Khata Upanishad. En el caso del Fedro la imagen es más sencilla, solo nos habla de un áuriga y dos caballos, uno blanco y otro negro, imagen que mucho más tarde encontraremos plasmada en el Arcano de El Carro, pero no nos adelantemos.

Y digo “parecida” porque bien bien no es lo mismo, ya que Platón nos habla del viaje del alma por los mundos Supracelestes y de cómo éstas almas acaban cayendo a la Tierra, donde tienen que vivir bajo las reglas de la materialidad y sin la memoria de los mundos celestiales, solo con un ligero recuerdo de lo que vieron, guiadas por un caballo blanco -la esencia divina-, pero también por uno negro -la materialidad y las pasiones- que tira y tira hacia los placeres mundanos, alejando al caballo blanco de la divinidad. Este carro con dos caballos opuestos es dirigido por un auriga que tendrá que dominarlos y guiarlos

“Cómo es el alma, requeriría toda una larga y divina explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza  que, como si hubieran nacido juntos, lleva unidos a una yunta alada y a su auriga. Pues bien, los caballos y los cocheros de los dioses son todos ellos buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay, en primer lugar, un conductor que guía una yunta de caballos y, después, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará  difícil y duro su manejo”. Fedro, Platón.

Este carro nos sirve para transitar por la vida, para poder experimentarla, pero dicho carro viene sin manual de instrucciones, por lo que tenemos que aprender a rodarlo sobre la marcha, con más o menos acierto, unas veces metiéndolo en baches o transitando por terrenos complicados.

Toda esta simbología que aparece repetidamente en diferentes culturas la encontramos sintetizada en la carta de El Carro.

No entraremos a analizar lo que significa el Arcano a nivel de tirada, sino su simbología, por ejemplo vemos que los caballos en este caso son esfinges, una blanca y otra negra, sin riendas, como dos energías que forman parte del carro y que no necesitan ningún vínculo visible, ya que son parte de un todo, además de ser un enigma en sí mismas. ¿Qué fuerzas dentro de nosotros mismos nos dominan?

En el libro Jung y el Tarot se hace una disección simbólica de todos los Arcanos Mayores relacionándolos con símbolos de todas las épocas, como si estas cartas recogieran la fuerza simbólica de unos aquetipos que han estado con nosotros desde el inicio de la humanidad y que solo se cambian el ropaje dependiendo de la época.

En el caso del Arcano del Tarot los elementos del carro son más escuetos que en la parábola del carro hindú. En el tarot no existe pasajero, el propio conductor es el pasajero, el “Yo” y la conciencia serían lo mismo, impulsadas por unos extraños caballos sin riendas, unos caballos que parecen de otro mundo, como los caballos a los que se refería Platón. Unos caballos que tiran hacia adelante, pero también pueden generar fuerzas opuestas, ya que está dentro de su naturaleza dual, sin embargo estas fuerzas son necesarias para el correcto funcionamiento del carro, ya que sin uno de ellos la descompensación que se generaría haría descarrilar al carro.

Así que no nos queda otra que convivir con los dos caballos, pero hemos de hacer todo lo posible para conocerlos, darles lo que necesitan y así poder domarlos y que nos lleven a buen puerto.

“La psique es un sistema que se regula por sí mismo. Mientras el consciente y el inconsciente estén en actividad, nuestro carruaje puede sufrir sacudidas violentas, pero es menos probable que vuelque, cosa que haría si solo uno de los dos estuviera actuando (…). Aunque los caballos que tiran hacia adelante no parecen estar haciéndolo juntos, pueden, tratando de equilibrar uno las tendencias del otro, mantener el convoy en camino, mientras que un solo caballo caería en la cuneta”. Jung y el Tarot, Sallie Nichols.

Silvia.

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