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Cuando leemos sobre el mundo invisible se suele dar importancia al sentido de la vista como el preferido a la hora de percibir la otra realidad. Sin embargo «ver» lo que no se ve es muy complicado, al contrario de lo que ocurre si prestamos atención a los otros sentidos, olvidados, por regla general, y que son de vital importancia a la hora de captar las señales del otro lado.

Sobre todo hay un sentido al que no se le hace caso y que es el radar más eficaz para detectar las energías que nos rodean y que no podemos ver, me estoy refiriendo al tacto.

El tacto es el sentido con más receptores, ya que la piel es el órgano más grande del cuerpo humano, se ubica por todo el cuerpo, por lo tanto no nos debería de extrañar su capacidad para captar la realidad sutil. Su extensión en superficie hace de inmejorable amplificador para captar las pequeñas vibraciones y variaciones energéticas. En ESTE post ya os hicimos una introducción al concepto de sentir el mundo invisible, pero hoy queremos centrarnos especialmente en el sentido del tacto, ya que será el primero que haga de puente entre la realidad física y la no física.

Si habéis practicado o habéis recibido reiki seguro que no estaréis leyendo nada nuevo, pero si sois nuevos en estos temas, seguramente os sorprenderá que el tacto tenga tanta importancia a nivel esotérico. ¿Por qué esta importancia? Por lo que hemos dicho de la extensión de la piel y por la ubicación de dos centros energéticos de vital importancia en dos zonas primordiales: pies y manos.

Los pies son las raíces que nos anclan a la tierra, la zona en contacto directo con las energías, y uno de los lugares por donde entran en nosotros. El otro punto clave son las manos, hacia ellas y desde ellas fluye la energía y lo notamos con diversas manifestaciones físicas que nos advierten de que «algo» pasa. El frío, el calor y el hormigueo son las tres formas en las que se manifiesta el trabajo energético en nuestro cerebro, las sensaciones que nos advierten de los movimientos de las energías y la manera que tenemos de saber que estamos en un estado alterado de conciencia adecuado para trabajar con las fuerzas no visibles.

Cada cuerpo es un mundo, por lo tanto no hay una pauta fija para deciros cómo sentiréis la energía cuando hagáis un trabajo, ya sea de magia, chamanismo, imposición de manos, reiki… Sin embargo las sensaciones más comunes suelen ser calor, frío u hormigueo, dichas sensaciones empezarán en el centro de las palmas de las manos, o incluso la punta de los dedos, y se irá expandiendo por el resto del cuerpo. La intensidad de la sensación o la ausencia de ella nos puede servir de guía para ser conscientes de nuestro nivel de conexión con las energías. Es decir, si no sentimos absolutamente nada podemos deducir que no estamos lo suficientemente centrados (a nivel energético también podríamos decir conectados) y que no es buen momento para trabajar, ya que los resultados serán nulos. Sin embargo si al empezar a centrarnos en un trabajo mágico y concentrar nuestra atención en manos y pies, comenzamos a sentir calor, frío u hormigueo, será una señal de que vamos por buen camino.

Silvia.

 

Efectos secundarios de trabajar energéticamente

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