Oops! It appears that you have disabled your Javascript. In order for you to see this page as it is meant to appear, we ask that you please re-enable your Javascript!

Cuando leemos las infinitas listas de propiedades de los diferentes minerales nos aflora el escepticismo, y más cuando indagamos un poco y descubrimos que la asociación de beneficios y propiedades para todos los minerales existentes apareció con la explosión de la «New Age». Con esta intro no quiero decir que las piedras y minerales no tengan propiedades, lo que quiero apuntar es que estas listas pueden echarnos para atrás a la hora de trabajar con ellos, ya que suenan forzadas, algo así como las descripciones del horóscopo en los diarios.

Desde pequeña me han fascinado los minerales, sus colores, sus formas, el hecho que la Tierra produzca tal variedad de cristales, más tarde descubrí que a estas piedras se les asociaban propiedades y mucho más tarde me frustré al ver que, comparándolos, prácticamente todos los minerales comparten dichas propiedades. En todos los temas que se refieren al mundo de las energías y lo esotérico hay muchísima información: información sesgada, información repetida, exagerada e información útil y real. Esta es la que interesa, pero para llegar a ella hay que saber distinguir el grano de la paja, lo cuál requiere tiempo y experimentación.

Todo este rollo es para poneros en contexto sobre mi más reciente descubrimiento «mágico». Me refiero al ámbar, una resina fosilizada altamente valorada desde la antigüedad, tanto por su belleza como por sus propiedades. ¿Qué propiedades? Principalmente propiedades medicinales, ya que antiguamente el ámbar era usado como medicina, machacándolo y mezclando su polvo con otros ingredientes que eran suministrados al enfermo para tratar dolores musculares y articulares, principalmente.

La razón del uso del ámbar como medicamento desde la antigüedad se debe al ácido succínico, una sustancia que contiene esta resina fósil con propiedades antiinflamatorias, bactericidas, antioxidantes, entre otras muchas. Por ejemplo en China es común todavía regalar pulseras con cuentas de ámbar a los niños a los que les están saliendo los dientes para calmarlos, algo que desconocía y que me contó una amiga china al ver que yo llevaba un colgante de ámbar. Ese día me di cuenta que la fama del ámbar como calmante del dolor era algo bastante universal.

En la antigua Roma el ámbar tenía fama de calmar los dolores musculares, articulares y las dolencias asociadas a la musculatura. Más adelante el médico Ibn Sina (980-1037) más conocido como Avicena, escribió que el ámbar curaba enfermedades del corazón, dolores estomacales, bajaba la fiebre y cortaba hemorragias.

Todo esto es lo que el paso de los siglos ha dejado legado sobre los usos del ámbar, pero también se le atribuye la capacidad de curar y atenuar dolores sin ingerir la piedra. Aquí sí que entramos en el terreno esotérico y mi experiencia personal.

Os puedo decir que el ámbar, junto con la selenita, son las dos piedra que me han dado mejores resultados a la hora de eliminar dolores con el simple contacto de la piel con la piedra.

Y aquí va mi experiencia: yo sabía que el ámbar tenía la fama de absorber dolores, pero era escéptica al respecto, pero hace unos días me levanté de la cama con un dolor de cervicales importante, de esos que irradian a la cabeza y acaban produciendo migraña y somnolencia. El dolor iba aumentando a medida que avanzaba el día y no tenía intención de disminuir, así que me colgué el ámbar, sin muchas esperanzas. Al cabo de 10 minutos noté algo raro, me sentía extraña, hasta que comprobé que lo que sentía era, simplemente, que no sentía nada, el dolor se había esfumado, solo quedaba un eco sordo que me recordaba que hacía 10 minutos estaba rabiando de dolor. Si habéis sufrido dolor cervical y migraña sabréis de qué os hablo, de ese dolor que es como un grito continuo que no te deja ni pensar, pues al ponerme el ámbar todo se calmó de golpe. No fue gradual como la acción de un medicamento, fue de golpe. Me pasé todo el día con el ámbar y el dolor cervical no volvió, se esfumó como por arte de magia, literalmente.

¿La explicación? No hay explicación física, porque en este caso no ingerí el ámbar para notar las propiedades curativas del ácido succínico. Tampoco hubo tiempo en esos 10 minutos para que una piedra del tamaño de un dedal hipotéticamente exhalara tal cantidad de ácido succínico que mi cuerpo absorbiera y redujera la inflamación tan rápido.

Como siempre digo cuando trato el tema de los minerales: que cada uno experimente y saque sus propias conclusiones.

Solo una última cosa, si os animáis a comprar ámbar hacedlo en una tienda especializada en minerales, ya que hay muchas piedras falsas que resultan ser trozos de plástico. Para comprobar que un ámbar es verdadero, lo ideal es ponerlo bajo luz ultravioleta, si el ámbar se vuelve verde flourescente es verdadero.

Ámbar bajo luz ultravioleta.
Ámbar bajo luz ultravioleta.

Silvia.

Si te gusta comparte!Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Pin on Pinterest
Pinterest
Email this to someone
email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *