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El miedo a los temas espirituales

Poca gente mira hacia el interior, muy poca gente se interesa por los temas espirituales y los que se acercan a ellos suelen hacerlo con cautela, con miedo. Un ejemplo, muchísima gente tienen un miedo atávico a los espíritus, a todo lo que esté relacionado con lo sobrenatural, por lo tanto todo lo que se acerque a este tema causará una alergia que impedirá a la persona poder desarrollar esa parte de su ser.

Lo digo por experiencia, hace años era incapaz de ver un reportaje de Cuarto Milenio que hablarara de aparecidos o de los casos de encuentros con la Santa Compaña, sin embargo la curiosidad pudo más que el miedo y gracias a ello he podido ir adentrándome en el mundo del misterio, las anomalías, lo oculto… en definitiva, los temas de los que no se habla normalmente pero que inquietan a todo el mundo. Por ello me sorprende que cuando saco el tema de las “visitas” de los difuntos la gente se cierra en banda, dice que les da muchísimo miedo y la conversación se acaba, sin poder intercambiar experiencias, opiniones ni abrir un tema de conversación fructífero. ¿Por qué se tiene miedo a los temas espirituales?

Mircea Eliade nos dio una pista de por dónde pueden ir los tiros, los temas espirituales nos aterran porque nos dicen sin ningún tipo de censura que nuestra existencia es efímera. En su libro “Lo Sagrado y lo Profano” habla del sentimiento de espanto que sentimos ante lo numinoso, palabra que define todo acontecimiento extraordinario relacionado con la “potencia divina”:

“Lo numinoso (…) es algo radical y totalmente diferente: no se parece a nada humano ni cósmico; ante ello el hombre experimenta el sentimiento de su nulidad, de no ser más que una criatura, de no ser”.

Por ello cuando alguien experimenta un fenómeno inexplicable suele reaccionar con espanto primero y negación más tarde, pocos lo asimilan y lo integran en su vida como un fenómeno que nos habla de lo poco que sabemos de esta realidad y lo que hay más allá. En la antigüedad las personas capaces de dar ciertas respuestas a estas experiencias numinosas eran los chamanes, brujos y sacerdotes, personas en contacto con el otro lado que había superado su miedo, ya que habían cruzado en vida la frontera y sabían lo que había más allá y eran capaces de traer esperanza, respuestas y sabiduría a su comunidad. Esta figura se ha perdido en un mundo hipertecnificado en el que la espirutalidad ha quedado relegada a algo testimonial, solo practicado por algunos “locos” que creen “en esas cosas”.

Hemos perdido el rumbo que nos lleva a descubrir nuestra espiritualidad y eso que para encontrarla simplemente hemos de acallar el ruido de la mente y mirar hacia nuestro interior, pero un una sociedad en la que el ruido de fondo es continuo, en la que se exige estar entretenido a todas horas, en las que no hacer nada es sinónimo de perder el tiempo, es imposible escuchar nuestra voz interior. El resultado es que los temas espirituales han quedado relegados a algo testimonial, un entretenimiento que puede llevarnos por el camino de la curiosidad y abrirnos un mundo nuevo que nos encamine a redescubrir la espiritualidad, o nos lleve por el camino del miedo y nos haga cerrarnos en banda.

Escuchar el testimonio de alguien que ha experimentado lo numinoso es experimentar el terror de vivir una experiencia límite que rompe los esquemas mentales y eso da miedo, ya que nos catapulta a años luz de nuestra zona de confort que es la realidad ordinaria en la que vivimos.

Silvia.

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