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Hoy quiero compartir con vosotros una pequeña anécdota. Hace algún tiempo una amiga me regaló una pequeña drusa, o trocito de Geoda. Seguro que las habéis visto en muchas tiendas porque son bastante fáciles de adquirir y son bonitas. En este caso se trataba de un trocito de amatista.

Pues veréis, en chamanismo hay varias técnicas que permiten al chamán comunicarse con elementos de la naturaleza: plantas, minerales, rocas… Así que llena de ilusión decidí poner en práctica este método e intentar conectar con la bonita geoda que me acababan de regalar. Estaba nerviosa y un poco escéptica, era la primera vez que intentaba algo así y no estaba segura de que fuera a funcionar, además, para no engañarnos, se me hacía difícil la idea de comunicarme con un ser inerte como una amatista. Si fuera una planta o un animal… es más fácil entender que tengan “espíritu” porque son seres vivos, pero un mineral…

Me puse a escuchar el ritmo de los tambores y dejé a mi mente iniciar el viaje con el pequeño trozo de geoda entre mis manos… Y cual fue mi sorpresa al llegar a un lugar en el corazón de la tierra donde pude por primera vez oír la voz de la mismísima roca. Miré fijamente a la amatista y pude escuchar en mi interior: “Me siento sola”. Vaya, jamás hubiera esperado oír eso de un fragmento de roca… así que le pregunté a la geoda: “¿Por qué te sientes sola?”. Y me contestó: “Porque echo de menos al resto, me han roto y separado, y ahora estoy sola e incompleta”.

Cuando terminé el viaje chamánico me sentía triste por el pedacito de amatista que sostenía entre mis manos, y a la vez profundamente desconcertada. ¿Había sido real? ¿Era posible que los minerales y rocas también pudieran tener un “espíritu” o una especia de “conciencia”? Si así era suponía un cambio drástico en mi manera de concebir el mundo… una visión completamente nueva y mucho más amplia. Tenía que compartir la experiencia con mis amigos de chamanismo, para averiguar si alguien había tenía un resultado similar. Así que esperé impacientemente a que llegara el martes, que era el día en que teníamos las clases. Espere que estuviéramos todos presentes y recuerdo que espeté: “Chicos, he hecho un viaje para hablar con un trozo de geoda, y ¿sabéis lo que me ha dicho?”

-“Te ha dicho que echa de menos el resto de la piedra, verdad? Suele pasar con los fragmentos de geodas”.

Esa fue la respuesta de nuestra profesora, para asombro mio. Había dicho exactamente lo mismo que me había contado mi pequeña amatista, y nunca habíamos hablado de nada parecido al respecto…

Así que bueno, mi mundo definitivamente tomó una perspectiva un poco más amplia. Mi fragmento de geoda está en un lugar especial en mi altar, para ver si así se siente algo más especial y menos sola, y desde entonces os puedo asegurar que no he vuelto a comprar más fragmentos de minerales, y que la próxima vez que quiera una geoda, me la llevaré entera, para no tener así que escuchar su triste lamento.

Isabel.

Amatista
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2 pensiamientos en “El lamento de la geoda

  • Lilián Salvadores

    UHHH YO TENGO UN PEDACITO DE UNA GEODA DE AMATISTA. ES TAN BELLA… EN MAS DE UNA OPORTUNIDAD AL TENER UN PROBLEMA PUNTUAL DE ANSIEDAD O NERVIOSISMO LA TOMÉ ENTRE MIS MANOS Y PUDE CALMARME. CREER O REVENTAR COMO DICEN….

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  • El espíritu de la tierra

    Ay por favor, que penita me ha dado la géoda. Nunca me hubiera imaginado algo así, pero yo tampoco comprare fragmentos de piedras sabiendo esto. Se me ha puesto hasta la piel de gallina leyéndote. Triste y bonito a la vez, gracias.

    Responder

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