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El fin del mundo se acerca.

No, no es un mensaje apocalíptico, es una verdad que se repite cada año al llegar estas fechas, pero no os asustéis, el fin del mundo que llega es en realidad un fin del mundo simbólico, ya que el año toca a su fin y con él, el mundo que hemos construido durante todo este año.

En multitud de tradiciones y culturas el fin del año suponía el fin del mundo y la creación de uno nuevo, tal y como destacaba Mircea Eliade en el capítulo “Repetición anual de la cosmogonía” de su libro Lo Sagrado y lo Profano:

“En cada Año Nuevo, el hombre se sentía más libre y más puro, pues se había liberado del fardo de sus faltas y de sus pecados. Había reintegrado el Tiempo fabuloso de la Creación, es decir, un Tiempo sagrado y “fuerte”; sagrado porque lo transfiguraba la presencia de los dioses, “fuerte” porque era el Tiempo propio y exclusivo de la creación más gigantesca que se haya nunca efectuado: la del Universo. Simbólicamente, el hombre se hacía contemporáneo de la cosmogonía, asistía a la creación del Mundo”.

El Caos volvía al mundo días antes del fin y se simbolizaba con fiestas desenfrenadas, bacanales, locura y fiestas épicas. El precedente más próximo culturalmente hablando lo encontramos en las Saturnales romanas, las fiestas en honor de Saturno (Cronos, dios del Tiempo) que se celebraban del día 17 al 23 de diciembre con largos festines y el intercambio de papeles entre amos y esclavos.

El último día del año el Mundo acababa realmente, el Caos reinaba, hasta que los dioses lo volvían a reconstruir de nuevo y el Mundo renacía, con un Tiempo nuevo.

Todo este universo simbólico que subyace en multitud de culturas lo encontramos actualmente con el desenfreno de las fiestas navideñas y la traca final que supone la Nochevieja en la que los fuegos artificiales, la música y el alcohol parece que van a disolvernos completamente… Y tras la locura de la fiesta, tras el caos, reina una auténtica calme el día 1 con la salida del sol, las calles son un remanso de paz tras la locura de la noche anterior. El nuevo año, el nuevo mundo, asoma calmado y lleno de esperanzas y propósitos de año nuevo para ser mejores que el año anterior, para construir un nuevo mundo, nuestro mundo.

“La significación de esta regresión periódica del mundo a una modalidad caótica era la siguiente: todos los “pecados” del año, todo lo que el tiempo había mancillado y desgastado, quedaba aniquilado en el sentido físico del término”.

Por todo este universo simbólico asociado a la destrucción de lo viejo para dar paso a lo nuevo es recomendable realizar durante los días finales del año los rituales de destrucción y renovación. Dejar atrás lo viejo, lo obsoleto, todo lo que no nos gusta, lo que nos causa pesar o agobio y hacer tabula rasa para reconstruir nuestro “mundo” que comienza en año nuevo con una energía renovada para que este mundo nuevo que comienza sea mejor que el anterior.

Silvia.

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