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El felino fantasma

Hoy os traigo esta pequeña aventura por sugerencia de mi pareja, imagino que debió de sorprenderle mucho lo que pasó y por eso me acabó diciendo que lo escribiera, así que preparaos para una historia de curación chamánica, gatos domésticos y animales de poder.

Todo empezó una tarde en la que mi pareja tenía dolor de cabeza y de rodilla. Aunque no comparte mis creencias espirituales sí que le gusta ayudarme en todo lo que puede, así que casi siempre que le duele algo me deja que practique la sanación chamánica con él y luego intercambiamos opiniones sobre las sensaciones que hemos tenido durante la sesión. Para mí es muy constructivo y siempre que puedo aprovecho estas oportunidades, así que preparé el espacio, cogí mis objetos de poder y nos dispusimos a iniciar la sesión.

Llegados a este punto he de decir que en casa tenemos dos gatos que se pasean siempre a sus anchas por todos los rincones, aunque en esta ocasión estuvieron en la habitación durmiendo todo el rato y no les vi el pelo. Y también he de decir que en las sesiones de sanación chamánica invocamos a nuestro animal de poder para que sea él quien realice la terapia, se le llama a este plano y se le cede el control de nuestro cuerpo para que extirpe el dolor o la enfermedad de la forma que considere necesaria (suele variar dependiendo del tipo de malestar del enfermo). Mi animal de poder para sanaciones es un felino.

Bien, una vez terminada la sesión le pregunté a mi pareja como se encontraba. Justo en ese momento la gata entró por la puerta y mi pareja la cogió en brazos diciendo: “¡Ay ella que se ha pasado todo el rato fregándose en mis piernas! ¿También querías ayudar?” Yo me quedé muy sorprendida porque a diferencia de mi novio que tenía los ojos cerrados yo si los tuve abiertos y era testigo de que la gata no había hecho acto de presencia hasta ese momento.

– La gata acaba de entrar. No ha habido ningún gato en la sala en todo el rato – Espeté.

Mi pareja rió y me dijo que le estaba tomando el pelo pero que no se lo creía, pero cuando me vio insistir para que me describiera que había sentido exactamente se percató de que no le estaba mintiendo. Puso unos ojos como platos y claramente se puso bastante nervioso. Me dijo que durante casi toda la sesión había notado el contacto de un animal peludo entre sus piernas, de rodilla para abajo, y que por eso había pensado que era uno de los gatos.

– ¿Y no habré sido yo al pasar las manos por tus piernas? – Tenía que descartar toda opción lógica.

Pero no, según él había notado la diferencia de cuando eran mis manos y cuando había sido el felino fantasma, porque había notado muy claramente que el animal tenía un pelaje suave. Nos quedamos mirándonos en silencio, y finalmente aceptamos como hipótesis más lógica que tenía que haber sido mi animal de poder, a quien por cierto dimos las gracias por haberse llevado el dolor de cabeza y habernos dejado con una pequeña anécdota que contar.

Isabel.

Felino fantasma

Comments:

  • DramaWitch

    21 enero, 2016 at 11:46

    Mucho mejor con la foto final. ;)

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