Hoy quiero compartir con vosotros una historia personal, sobre cómo mis guías me han ayudado a mejorar como persona y superar algunos traumas. Porque hay ocasiones, en que aunque uno no busque tratar un tema en concreto, nuestros guías nos abren esa puerta.

En uno de mis viajes chamánicos tuve la suerte de conocer a una agradable señora que se dedicaba a dar a los viajeros habitaciones donde pudieran trabajar o meditar. Me gustaría aclarar que todo esto tiene lugar durante el viaje chamánico, es decir, esta señora es una maestra de otro plano, nada de todo esto ha sucedido en nuestra realidad física. Pues bien, me dijo que tenía una habitación para mí y me pidió que la siguiera. Cogió una de las llaves que llevaba colgadas del cinto y abrió una puerta en la que, para asombro mío, me encontré con una habitación infantil, llena de tonos rosas y pastel. Fue muy curioso porque el rosa no es precisamente un color que me entusiasme, soy más bien de azules y negros. Pero lo cierto es que la habitación me fascinó, parecía sacada de una película Disney, muebles blancos de diseños preciosos y cortinas y telas rosas, un montón de peluches en la cama, un escritorio en miniatura, plantas de hermosos colores, juguetes… me sentí extraña a la vez que cómoda, y pensé que era una buena habitación, un poco infantil, pero divertida.

Habitación rosa

La señora me preguntó que me parecía. Le dije que era muy bonita y que estaba bien, entonces me dijo que estupendo y que la siguiera. Así que salimos, cerró la habitación tras de sí, y me llevó hasta un salón donde se sentó junto a mi mientras me invitaba a una taza de té. Jamás me olvidaré de lo que me dijo.

– Me alegra que te haya gustado la habitación, pero ya es hora de que mates tu infancia.

Me quedé blanca, desde luego no me lo esperaba. Continuó:

– Mira, tu madre te despojó de tus juguetes cuando aún no estabas preparada, por lo que no has podido cerrar correctamente esa etapa, así que en vez de pasar página te aferras a ella con fuerza. Por eso tienes la casa llena de peluches, por eso cuando ves un juguete de tu infancia en una tienda te lo vuelves a comprar. Pero lo tienes que superar. Ahora márchate y cuando vuelvas, será porque estés dispuesta a cerrar ese capítulo de tu vida, pero no te preocupes, porque no será doloroso.

Salí del viaje chamánico y reflexioné muy seriamente sobre lo que me habían dicho. Y cuantas más vueltas le daba más me daba cuenta de que era cierto lo que me había dicho la señora. No era consciente de que tenía ese problema, no me había parado jamás a reflexionar qué era lo que me impulsaba a acumular juguetes y peluches en casa, siempre lo atribuí a mi frikismo, pero en ese momento me di cuenta de que en cierto modo, con ello intentaba recuperar algo que me quitaron, pues mi madre en varias ocasiones decidió que ya era adulta y me fue tirando sin consultar juguetes y juegos que en ese momento formaban parte de mi vida. Así que sí, efectivamente tenía un episodio de mi vida por cerrar, y yo sin darme cuenta.

Me preocupaba cómo íbamos a cerrar ese episodio, la señora dijo que no me preocupase que no iba a ser doloroso… pero no las tenía todas conmigo. No obstante volví. Unos días después realicé otro viaje chamánico al mismo lugar, dispuesta a superar mi trauma, aunque algo atemorizada. Cuando llegué no vi a la señora por ninguna parte, en su lugar había un señor, alto y serio, que me dijo:

– ¿Estás dispuesta a cerrar tu infancia? – Y me alargó la mano ofreciéndome la llave de la habitación.

Asentí, cogí la llave y abrí la puerta. Y era la misma habitación, exactamente igual, los mismos muebles, los mismos juguetes… pero parecía que hubiesen pasado cien años de abandono. Me paseé por el cuarto observando cómo estaba todo deteriorado, viejo, sucio, marchito… Hasta los colores habían perdido su intensidad y eran sólo una sombra de lo que fueron.

Infancia cerrada

Me quedé mirando todo ese conjunto ajado… y de repente sentí que ya había pasado su momento, que ya no tenía razón de ser. Así que me giré, y le dije al señor que esperaba fuera: “Ya no la necesito”. Salí de la habitación, cerré la puerta de esa infancia que ya había acabado hacía muchos años y le entregué la llave al señor y le di las gracias sin saber muy bien qué había pasado, pero siendo consciente de que algo había cambiado en mí.

Tal y como prometió la señora la experiencia no fue dolorosa, de alguna forma fue liberadora, aunque con el amargo sabor que suele acompañar a la etapa adulta. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo ello? No sé vosotros, pero yo ya no me he vuelto a comprar más peluches ni figuritas desde entonces, ahora cuando los veo sonrío con nostalgia de una época que ya no es la mía, y que desde luego siento que no necesito recuperar.

Isabel.

2 pensiamientos en “Superar problemas emocionales a través del viaje chamánico

  • Isabel Ramis Bardem

    Recordo quan vas fer aquest viatge…

    Responder
    • Kennari

      He pensat que era una bona història per compartir ;)

      Responder

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