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Todos hemos oído hablar, y seguro que en más de una ocasión, de la temida magia negra. Seguro que muchos os habréis preguntado qué diferencia una magia de la otra, que precio hay que pagar por hacer magia negra, o si me condenaré al usarla. Bien, pues ya es hora de que eliminemos este tópico.

No existe la magia negra, ni la magia blanca, porque lo que diferencia un acto mágico de otro es algo tan simple como la intención que tiene la persona que lo realiza, pero los principios son exactamente los mismos en ambos casos. Para que os hagáis una idea, podríamos establecer una metáfora con un cuchillo de cocina. El cuchillo es en sí mismo una herramienta, con él podemos cortar los alimentos para cocinar, pero también podemos atacar a una persona si nos vemos obligados. ¿Hay cuchillos buenos y malos? No, hay simplemente cuchillos, y de nosotros depende el uso.

De la misma forma la magia es una herramienta que tenemos a nuestra disposición. Podemos usarla para nuestro crecimiento personal, para ayudar a los demás, para sanar, o bien para sacar un beneficio personal, ya sea económico o emocional. Por ejemplo, el color negro por sus propiedades puede utilizarse en conjuros de protección, pero también puede utilizarse para atar o cegar a una persona. ¿Cuál es el uso correcto? Pues como casi siempre las cosas no son blancas o negras. Son grises. Considero que no estoy en posición de juzgar, porque el nivel de complejidad y matices es algo que me sobrepasa. Para que os hagáis una idea: ¿si una persona tiene tendencia a ser agresiva y realizo un conjuro para atar su lengua o su comportamiento, eso es bueno o malo? ¿Y si la consecuencia de eso es que evito que se meta en una pelea y con ello le salvo de acabar en el hospital? A primera vista parecería algo positivo, pero puede que entonces no aprenda una lección de vida y más adelante, cuando el efecto de mi conjuro pierda intensidad se meta en un lío de peores consecuencias… Pero claro, es que sería muy fácil tomar la decisión correcta si conociésemos de ante mano todas las consecuencias de nuestros actos, ¿no?

Al final cada uno debe ser capaz de decidir qué camino es el que debe tomar, y cómo actuar en cada situación. La magia es una energía que podemos utilizar poniendo en ella nuestra intención y utilizando unas determinadas herramientas que tienen un impacto en otras realidades, y cuyas propiedades acaban manifestándose en la nuestra. Es una forma de intervenir y alterar el orden natural de las cosas. Y aunque no vamos a quedar malditos ni condenados por alterar este orden si que tarde o temprano tendremos que asumir el karma de nuestras propias acciones. Aquí los practicantes de chamanismo, o aquellas personas que cuenten con maestros para trabajar lo tienen un poco más fácil, porque siempre se puede preguntar a estos Guías o Animales de Poder si es correcto que intervengamos o no. Estas entidades tienen una percepción diferente de la nuestra, no están limitados por un cuerpo físico, así que si nuestra intención es ayudar pero sin alterar el equilibrio natural del Universo siempre podemos contar con su ayuda y preguntarles.

Cómo veis es un tema complejo que es difícil comprender desde nuestra perspectiva limitada (por nuestro cuerpo físico, por nuestro ego…), pero al menos creo que sí que hay algo que todo aquel practicante de magia o brujería debería tener claro: cuando se comete un abuso de poder. En ocasiones he oído a gente argumentar que poder practicar magia de forma efectiva es un don, y como tal es absurdo no utilizarlo por temas éticos. “Si tengo un don es para usarlo”, es la frase habitual. Y de nuevo vuelvo a las metáforas que tanto me gustan: que un niño sea más alto y más fuerte que los demás compañeros de su clase no le da derecho a intimidarlos o a pegarles, ¿verdad? Pues de igual modo ser hábil con la magia no te da carta blanca para intervenir en la vida de los demás a placer. Y más cuando la mayoría de la gente ni siquiera está en igualdad de condiciones respecto a ti, porque la mayoría no sabe cómo defenderse de un ataque psíquico o mágico, son pues, víctimas sin posibilidad de defenderse, y eso para mí es un claro abuso de poder que no voy a defender. Aunque cómo he dicho antes… el mundo no es blanco y ni negro, está siempre lleno de grises…

Isabel.

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