Pretendemos que lo espiritual arregle nuestra vida, nos guíe, nos ayude a vislumbrar por dónde tirar o, incluso, nos sane, tanto física como mentalmente, y he de decir que gran parte de las prácticas espirituales (por lo menos las que yo conozco) lo hacen, pero el dicho “no hay que empezar la casa por el tejado” nos va a dar una idea de lo que quiero transmitir hoy.

¿De lo más denso a lo sutil, o de lo sutil a lo denso? Es decir ¿purificamos el espíritu y de ahí se purificará el cuerpo y mente o purificamos el cuerpo y la mente y así se limpiará el espíritu? Reflexionad un poco sobre la pregunta, ¿qué responderíais?

No voy a ser yo la que responda a ello, sino Patanjali, el personaje que recopiló las enseñanzas del yoga clásico, entendiendo yoga como camino espiritual que aunaba cuerpo, mente y espíritu para fundirnos con el Absoluto.

Hoy en día las enseñanzas de Patanjali son perfectamente aplicables para ayudarnos en nuestra vida. Es más, me gusta el método de Patanjali porque es sencillo, al alcance de todo el mundo y propone unos pasos, concretamente 8, para ir evolucionando poco a poco. Y en esos pasos tenemos la respuesta a la pregunta: lo más práctico y efectivo es ir de lo denso a lo sutil.

Yamas-niyamas-asana-pranayama-pratyahara-dharana-dhyana- samadhi

Estos son los 8 pasos que voy a tratar de explicar, sobre todo centrándome en los dos primero que son los que ponen el foco en las cosas que “deberíamos” pulir de nuestra conducta para poder aligerar nuestro espíritu.

Yamas: la conducta que tenemos de cara a los demás.

De lo más denso a lo más sutil, y dentro de lo más denso, de lo más exterior a lo más interior. Primero de todo este paso nos habla de cómo nos relacionamos con el mundo. Somos animales sociables, así que nuestras interacciones tendrán un peso importantísimo en nuestro mundo interior, así que hemos de aprender a gestionar una serie de conductas. Dentro de estas conductas Patanjali especifica una serie de virtudes que debemos cultivar para ir puliendo nuestro carácter: la no violencia (ahimsa), la honestidad (satya), no coger lo que no nos pertenece (asteya), cultivar el camino de la moderación (brahmacaria), no acaparar (aparigrahah).

Niyamas: la conducta que tenemos con nosotros mismos.

Además de ser virtuosos con los demás para respetar al prójimo, Patanjali recuerda que también hemos de tener respeto por nosotros mismos, por ello propone una serie de aspectos a tener en cuenta para poder tener una vida “sana”. La limpieza de nuestro cuerpo y entorno (sauca), cultivar la satisfacción en todo lo que hacemos (santosa), tener cierto grado de disciplina (tapah), no perder el interés por seguir cultivando la mente con el estudio (svadhyaya) y no olvidar que todo está conectado (isvarapranidhana).

Asana: el trabajo del cuerpo.

Según Patanjali no deberíamos trabajar asana (es decir, las posturas de yoga que más o menos conocemos) sin antes haber trabajado los aspectos de los yamas y niyamas, ya que estos dos pasos preparan el cuerpo para poder integrar muchísimo mejor el trabajo corporal de las posturas, unas posturas que son el último paso “físico” antes de pulir aspectos mucho más sutiles.

yoga

Pranayama: el control de la energía.

Las técnicas de respiración que nos enseña el yoga nos permiten regular la energía (activarnos o relajarnos) y cambiar estados mentales, todo con la “simple” regulación del flujo de aire que entra y sale del cuerpo, algo tan sutil con el aire puede influir en nuestro cuerpo físico, mental y espiritual a unos niveles de cambio profundo, pero de nuevo repetimos, para lograr todos los beneficios del pranayama, primero tenemos que haber trabajado los aspectos más densos de los pasos anteriores.

Pratyahara: control de los sentidos.

Si queremos ver las piedras en el fondo del lago primero tenemos que aquietar el lodo que no nos deja verlas y si queremos encontrarnos con nuestro “Yo” más profundo primero tenemos que aquietar todas las interferencias interiores y exteriores que tenemos y por eso el paso del control de los sentidos es vital para conseguir un estado mental óptimo que nos permita dirigirnos hacia el siguiente paso. Pratyahara no es meditación, es conciencia de los sentidos para poder ser conscientes de los estímulos y que no nos interfieran, no nos produzcan perturbaciones.

Dharana: concentración.

¿Os habéis parado a pensar lo difícil que puede llegar a ser concentrarse? Llevar toda nuestra atención a un punto fijo, enfocar toda la energía de la mente en algo concreto y que dicha concentración dure puede suponer un esfuerzo titánico. Y ya no hablo solo de concentración para estudiar o para conducir, hablo de la concentración necesaria para poder “entender” conceptos filosóficos, metafísicos o simplemente conocernos a nosotros mismos enfocando la atención en nuestro interior. Es complicadísimo, por ello “dharana” está en los niveles más elevados de sutileza, ya que esta concentración es necesaria para los dos últimos pasos que propone Patanjali en el camino espiritual y de autoconocimiento.

Dhyana: meditación.

Realizando todos los pasos anteriores con perseverancia, paciencia y compasión hacia uno mismo podremos abordar el estado de dhyana, más conocido como meditación. Mucho se ha hablado de la meditación, un concepto al que le pasa lo mismo que a la práctica de asana, se practica sin tener en cuenta todos los otros pasos y no se consigue el “efecto” idoneo. Meditar no es fácil, tampoco es fácil explicar las sensaciones de la meditación o lo que en estado de meditación profunda se puede llegar a “Conocer”. Dhyana eleva la conciencia hacia estados superiores que nos llevan a la integración total…

Samadhi: integración total.

El estado de realización completa, la comprensión de la totalidad, del funcionamiento del cosmos, un estado de elevación espiritual al que no se llega de un día a otro, es más, al que puede que no lleguemos ni siquiera en esta vida o en varias reencarnaciones, así que no os agobiéis :)

He querido hacer este post explicando los 8 pasos de Patanjali para que se vea el camino de lo más terrenal, mundano, físico y denso a lo más sutil y espiritual, un camino de una dirección con unos pasos muy concretos que solemos tergiversar, tomar atajos o “saltarnos” cosas porque no nos van bien o no nos gustan. Hoy en día hay infinidad de prácticas espirituales, corrientes, herramientas, recursos… que se adaptan a nuestros gustos y forma de ser, pero que puede que no nos den los resultados que buscamos porque obviamos puntos intermedios necesarios para llegar a la meta que queremos. Por eso lo que os recomiendo es que si queréis reconducir un aspecto de vuestra vida primero empecéis por lo más físico, no busquéis la primera solución en lo sutil sin antes haber puesto unos buenos cimientos. Recordad: no hay que empezar la casa por el tejado.

Silvia.

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