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Hoy quiero compartir con vosotros un cuento, me ha llegado de una forma muy especial, pues han sido mis guías a través del viaje chamánico quienes me han dado el blog del que os lo he traducido. Me ha parecido un cuento muy bonito, y encajaba perfectamente con el motivo de mi visita al Otro Lado, así que aquí os lo dejo traducido del inglés:

Una zanahoria, un huevo y un de té Oolong.

«Una mujer joven fue a visitar a su madre. Le estuvo contando lo difícil que se estaban volviendo las cosas en su vida, pues no paraba de tener un problema detrás de otro y ya no sabía cómo salir de la situación. Estaba cansada y exahusta.

Su madre la llevó a la cocina. Llenó tres ollas de agua y las puso a hervir al fuego. Tan pronto como el agua echó a hervir, colocó zanahorias en la primera, huevos en la segunda, y té de Oolong en la tercera. Luego los dejó hervir sin pronunciar palabra.

Al cabo de unos veinte minutos apagó el fuego y puso las zanahorias, los huevos y el té en diferentes bols. Luego se giró hacia su hija y le espetó: “Dime que ves aquí”.

A lo que la hija contestó: “Pues zanahorias, huevos y té Oolong”.

La madre acercó el bol con las zanahorias a su hija y le pidió que las tocara y las describiera. Ella replicó que después de hervirlas ahora se habían vuelto blandas. Luego la madre le pidió a su hija que cogiera un huevo y lo rompiera. Así que la joven lo cogió, rompió la cáscara y dejó el huevo hervido en bol. Por último, la madre le pidió a su hija que diera un sorbo del té Oolong, y ésta sonrió mientras aspiraba el rico aroma del té, y dio un pequeño sorbo. La hija preguntó: “¿Cuál es el significado de todo esto madre?”

La anciana explicó que cada uno de esos tres ingredientes había tenido que afrontar la misma adversidad: el agua hirviendo. Pero cada uno había reaccionado de una forma diferente. La zanahoria al principio era fuerte y rígida, pero tras hervirla se volvió blanda y débil. El huevo había comenzado siendo frágil, la fina cáscara protegía el líquido del interior, pero después de hervir su interior se volvió duro. Pero de todos ellos, el té de Oolong había sido único, porque después de haber estado hirviendo en el agua, fue capaz de cambiar su color y su sabor.

“¿Cuál de ellos eres tú?” preguntó a su hija. “¿Cuando la adversidad llame a tu puerta cómo vas a responder? ¿Eres una zanahoria, un huevo, o un té de Oolong? Piénsalo ¿Cuál de ellos eres? ¿Eres la zanahoria que parecía fuerte, pero ante el dolor se vuelve débil y pierde toda su fuerza? ¿Eres el huevo? ¿Qué empieza con un corazón maleable, pero que acaba volviéndose duro e intransigente? ¿O eres el té de Oolong, qué es capaz de cambiar la propia naturaleza de las circunstancias que le causan el sufrimiento? No es hasta el momento en que cae el agua sobre él, que el té consigue alcanzar toda su fragancia y su sabor. Si eres cómo el té, cuando las cosas sean de verdad difíciles, será cuando consigas cambiar tu situación.

Es en los momentos más difíciles y ante los retos más complicados cuando uno eleva su espíritu hasta alcanzar otro nivel. Así que dime hija mía, ¿Eres una zanahoria, un huevo o un té de Oolong?»

Isabel.

 

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