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Hoy os quiero hablar de un concepto muy difuso, complicado de explicar con palabras y difícil de entender si nunca lo habéis vivido o percibido. Os quiero hablar de la extraña sensación de hacer una petición al universo y que éste responda.

Una petición al universo como ente complejo que no entendemos, como fuerza omnisciente, eso que suele llamarse Dios y que las tribus indias de Norteamérica llaman Gran Espíritu. Llamémoslo como queramos, las palabras no pueden acotar esa fuerza que está en todo, también en nosotros, algo que puede materializar lo que queremos si lo hacemos desde el corazón.

Pedir algo y que ocurra es increíble. Es otro de esos fenómenos extraños que racionalizamos (de ello ya hablamos en un post), un fenómeno al que quitamos la magia y lo reducimos a simple casualidad ya que, ¿vamos a ser tan egocéntricos como para pensar que el universo nos ha respondido? ¿Vamos a ser tan creídos como para pensar que el fin de la sequía se ha debido a nuestras peticiones al universo? Pues la respuesta es que no somos egocéntricos por pensar que podemos cambiar las cosas, ya que una simple petición desde el corazón puede marcar la diferencia y mover energías que pueden cambiar una situación enquistada.

Y me explico, a nivel energético hacer una petición del tipo “que llueva”, o desear la curación de una persona es una acción que mueve energías, al igual que en el mundo físico podría ser intervenir en una situación, por ejemplo ayudar a levantarse a una persona que se ha caído. Si nadie hace nada contribuiremos a la degradación moral de la sociedad por no ayudar, y lo mismo ocurre a nivel energético. Si estamos sufriendo una situación de sequía, pero nadie piensa que esa situación deba cambiar, si pensamos que no tenemos el poder de cambiarlo, la situación no cambiará, pero si solo una persona se preocupa por la agonía de la Tierra en una situación de sequía, esa persona moverá la energía necesaria para precipitar el cambio.

No estoy diciendo que con solo pensar algo lo vayamos a tener. No es tan fácil como pensar “que me toque la lotería”, creedme, lo he intentado. A estos niveles de mi práctica he llegado a la conclusión que esto solo funciona cuando la petición es de corazón y se proclama para ayudar desinteresadamente.

Y a vosotros, ¿os ha respondido alguna vez el universo a una petición hecha de corazón?

Silvia.

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