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Si hay un tema estrella en Kennari ese es el relacionado con la empatía psíquica. Hace tiempo escribimos una serie de post sobre este fenómeno y la cantidad de comentarios que recibimos semanalmente sobre gente que nos cuenta sus experiencias han motivado que volvamos a escribir sobre esta capacidad no tan extraña.

Para entender la empatía psíquica primero tenemos que aclarar que a día de hoy y pese a los avances que se han hecho, no conocemos totalmente cómo funciona nuestro cerebro, por lo que hay fenómenos de la mente que son un completo misterio y uno de ellos es lo que se conoce como empatía psíquica.

En uno de los primeros post ya explicábamos en detalle qué es la empatía psíquica, por lo que no me voy a extender demasiado, solo apuntar que es la capacidad de sentir sentimientos ajenos de manera repentina. Un empático psíquico es algo así como una esponja de sentimientos, capta las emociones del ambiente y las siente como suyas, pero sin la chispa que ha generado esa emoción.

No conocer esta capacidad, y que todos podemos experimentar en mayor o menor grado, puede resultar muy desconcertante. Imaginad que un día os levantáis bien, con un estado de ánimo neutro, entráis en el metro y de repente os embarga una sensación de angustia, tristeza y ganas de llorar, esa sensación dura apenas un minuto, después desaparece… Si no sabéis que existe la capacidad de sentir sentimientos ajenos pensaréis que algo anda mal en vuestra cabeza, que eso que habéis sentido puede ser un estado depresivo o algo más grave a punto de manifestarse. Algo que no era vuestro, ese sentimiento de tristeza de alguien que lo estaba pasando mal y que vosotros habéis captado, os generará algo muy real, un estado de angustia por no saber qué pasa. Y lo peor de todo es que el desconocimiento puede derivar en una visita al psicólogo o psiquiatra que acabe recetando algún fármaco.

El ser humano es una antena, tenemos cinco sentidos que todos conocemos, pero tenemos otros sentidos “sutiles” que captan información inconscientemente y que nuestro cuerpo procesa. Este proceso genera efectos físicos (dolores, hormigueo, calor o frío) o efectos emocionales (alegría, pena, ira…). Un ejemplo de lo sensibles que somos al entorno es cuando hay un cambio de tiempo. Hay personas súper sensibles a los cambios de clima, les duelen los huesos días antes de una borrasca, tienen migrañas, etc. Esto está “socialmente” aceptado aunque tampoco se entienda muy bien por qué ocurre, sin embargo al estar aceptado no nos extraña tanto que repentinamente nos empiecen a doler las articulaciones o la cabeza, ya “sabemos” que el tiempo va a cambiar, no corremos al médico a decirle que nos está dando un ataque de reuma. Con la empatía psíquica no hay esta normalización, en general vivimos en una sociedad en la que la expresión de los sentimientos se restringe al ámbito de la familia, cualquier otra expresión sentimental está “mal” vista, ya que corremos el riesgo a que nos encajonen en la categoría de “sentimentaloide”, “irascible”, “depresivo”, “excéntrico”… ¿Con esta presión a no exteriorizar sentimientos cómo vamos a ir diciendo que encima somos capaces de captar sentimientos ajenos? Nos tomarían por locos inmediatamente, ya que además vivimos en una sociedad en la que lo “inexplicable”, aquello que la ciencia no puede catalogar, medir y mesurar, directamente no existe.

Evidentemente no todo cambio de humor repentino es empatía psíquica, lo más normal es que el sentimiento sea nuestro, pero lo que aquí quiero apuntar es que el desconocimiento de la posibilidad de la empatía psíquica puede generarnos unos inconvenientes en nuestra vida que podríamos evitar simplemente sabiendo de su existencia.

El desconocimiento de la empatía psíquica tiene otro peligro añadido y es el de la búsqueda de respuestas y explicaciones en lugares o personas que pueden crear más confusión a nuestro estado. O que directamente nos hablen de cosas que no entendemos o que en ese momento no estamos preparados para entender. Por ello el primer paso para comprender la emptatía psíquica es tomarla como ese dolor de huesos que anticipa una tormenta, no sabemos cómo funciona pero funciona. Cuando por fin hemos entendido esto, puede servirnos para nuestro beneficio, por ejemplo saber que va a llover sin consultar el estado meteorológico. Lo mismo ocurre con la empatía psíquica, captar un sentimiento ajeno nos puede ser de muchísima ayuda para saber cómo está verdaderamente de ánimo la persona que tenemos cerca y poder actuar de una manera u otra.

Si queréis saber más del tema aquí os dejo los links a los post que escribimos hace tiempo:

Qué es la empatía psíquica

Cómo controlar la empatía psíquica

Riesgos de la empatía psíquica

Silvia.

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