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Cuando hacemos una pequeña búsqueda de “las propiedades mágicas de…” y en los puntos suspensivos añadimos el nombre de un mineral, vemos que hay auténticos tratados sobre las propiedades mágicas de dicha piedra. ¿Esto es real? ¿Funcionan los minerales como catalizadores de energías protectoras o amplificadores de poderes psíquicos? Sí y no, vamos a tratar de arrojar un poco de luz sobre el tema de trabajar energéticamente con minerales.

Lo primero que hay que aclarar es que los minerales han sido usados desde muy antiguo en rituales mágicos, ceremonias religiosas y ritos chamánicos, un ejemplo, el cuarzo es la piedra chamánica por excelencia, se creía que era un cristal que provenía del mundo espiritual y, por lo tanto, tenía grandes poderes en este plano. Michael Harner explica un par de ejemplos del uso del cuarzo en tribus chamánicas separadas por miles de kilómetros:

“El conocido concepto del tercer ojo de las prácticas espirituales orientales aflora por doquier. No es infrecuente, por ejemplo, que los aborígenes australiano lo conozcan como el ojo poderoso, situado en el centro de la frente. A veces se recurre a un cristal de cuarzo, destacada piedra en el chamanismo universal, que se presiona sobre ese centro para ayudar a ver con claridad al chamán neófito. En épocas antiguas, un chamán paviotso norteamericano podía llevar un cristal de cuarzo en una búsqueda de poder en una caverna, para más tarde poder ver a través de todas las cosas”.

Michael Harner, La Cueva y el Cosmos.

En la época romana el uso de los minerales también tuvo gran importancia. Por ejemplo las gemas eran muy apreciadas no solo por su belleza, sino por sus propiedades mágicas.

Otro ejemplo bien conocido: el oro. En multitud de culturas este mineral se ha visto como un regalo de los dioses y, por lo tanto, tenerlo era símbolo de divinidad y como tal era venerado.

Pero, ¿hay algo real en los poderes de los minerales más allá de una tradición histórica?

Sí, pero hay que saber cómo usarlos y cómo activarlos. Sería algo parecido a las propiedades medicinales de las plantas. Un ejemplo: la manzanilla es una planta ideal para mitigar problemas estomacales, pero si tenemos dolores de estómago de nada nos servirá tener dicha planta en la maceta, tendremos que hervir las flores y tomarnos la infusión para que las propiedades curativas nos hagan efecto.

Pues algo parecido ocurre con los minerales. De nada nos sirve colgarnos un cuarzo del cuello porque hemos leído que potencia la apertura del chakra corona y nos ayuda a visualizar mejor cuando meditamos si antes no hemos hecho un trabajo con dicho mineral y hemos elegido la piedra correcta.

Y me explico, lo primero para que un mineral funcione bien es que su color sea lo más puro posible. El color es básico para potenciar las propiedades asociadas a dicho mineral, por lo tanto tendremos que tener buen ojo cuando vayamos a comprar la piedra con la que queremos trabajar. Además no solo tenemos que elegir un color puro, la piedra nos tiene que llamar.

Una vez hayamos adquirido la piedra, lo ideal sería no leer nada sobre sus propiedades para no sugestionarnos, en vez de eso, lo recomendable es meditar con la piedra o, si tenéis experiencia, hacer un viaje chamánico para “contactar” con la esencia del mineral y que os “diga” cómo trabajar con él y cómo limpiarlo o recargarlo.

Cuando hacemos este trabajo solemos acabar muy sorprendidos, ya que lo que nos “dice” el mineral coincide con el uso y las propiedades que se le atribuyen en multitud de páginas. ¿Y si ese mineral nos dice que no es apropiado para lo que necesitamos? En ese caso deberemos preguntar qué mineral nos puede ayudar.

Suena muy esotérico y suele generar “risa” cuando se habla de las propiedades mágicas de las piedras, pero no hay que menospreciar el poder de los cristales. El mundo mineral atesora un conocimiento antiguo que solo estaba al alcance de los chamanes, ahora por suerte este conocimiento es más accesible, pero se ha pagado un precio: la estigmatización y el escepticismo.

Silvia.

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