Como purificar un objeto

Hace un tiempo os explicamos la diferencia entre purificar y cargar un objeto. También os dimos algunos ejemplos de cómo podíais cargar energéticamente algunas de vuestras herramientas y objetos favoritos. Pues bien, hoy os quiero contar algunas maneras de purificar objetos, como siempre, podéis adaptar estas prácticas para que encajen más con vuestras creencias y os sintáis cómodos.

Bien, para empezar tenéis que recordar que purificar un objeto es limpiarlo de las energías que puede haber acumulado a lo largo del tiempo, bien por el uso que le han dado, o bien por estar en algún lugar determinado. Estos rituales se centran pues en la idea de “limpieza” y no tienen por objetivo dotar al objeto de ninguna intencionalidad, sólo dejarlo sin huella energética para que podamos empezar a utilizarlo. A mí me gusta purificar mis objetos de vez en cuando, generalmente una vez al año, para también limpiarlos del uso y la carga que les puedo generar. Y dicho esto, vamos a ver algunos ejemplos de cómo purificar un objeto:

  • Agua con sal: este es el más clásico, y curiosamente es de los que menos recomiendo. No porque no funcione, sino porque hay muchos objetos que no es recomendable meter en agua con sal, por ejemplo determinados metales que pueden oxidarse, pero también algunos minerales, que se ven afectados por el salitre de forma negativa. Por ejemplo el ámbar, si lo metemos en agua con sal lo estropearemos, y no es precisamente barato… Un mejor uso del agua con sal es por ejemplo purificar nuestro hogar, o bien determinados elementos que sabemos seguro que no van a verse deteriorados, como piedra, cristal, madera, nuestro propio cuerpo… La sal limpia de energías negativas y es un excelente protector, pero como todo hay que saber en qué circunstancias es mejor usarla y en cuáles es mejor no.

  • Humo de inciensos o plantas sagradas: aquí se une por un lado las propiedades purificadoras de las plantas, como puede ser por ejemplo el romero, la verbena, lavanda o tomillo, y además el aroma que desprenden, pues los olores naturales intensos (como plantas aromáticas) nos ayudan a repeler entidades y energías negativas. En los templos de Asia es muy típico poner incienso a la entrada de los templos y esparcir el humo sobre uno mismo antes de entrar, a modo de purificación. De igual modo podemos quemar en un cuenco (ojo no os queméis) plantas purificadoras y esparcir el humo por el objeto que deseemos purificar, apelando a las propiedades de la planta.
  • Sonido: no sólo los olores intensos ayudan contra las energías negativas, de igual modo algunos determinados sonidos limpian con sus vibraciones el entorno. El sonido siempre ha estado muy ligado a la práctica mágica, aunque hoy en día lo tengamos un poco olvidado. Pero los cuencos tibetanos, o los crótalos siguen manteniendo un lugar entre las prácticas de mucha gente. Se puede utilizar el sonido del cuenco tibetano para purificar objetos, ya sea metiendo el objeto dentro del cuenco y haciéndolo sonar, o bien acercándolo al cuenco mientras suena.

  • Los cuatro elementos: aquí tenemos varias opciones, o bien podemos trabajar con un elemento en concreto, o bien utilizar los cuatro secuencialmente. Aquí ya dependerá del tiempo que tengáis, o la afinidad que sintáis con cada elemento.
  • Agua: os recomiendo utilizar este elemento en la naturaleza, es decir, purificar vuestro objeto sumergiéndolo en el mar, o bien en algún arroyo y lago. También podéis dejar el objeto atado y sumergido durante unas horas o un día para que el agua elimine toda vibración. Por supuesto cuando hacemos este tipo de prácticas, debemos mentalmente estar concentrados y pedir al elemento que purifique el objeto, de lo contrario simplemente estaremos mojándolo.
  • Fuego: es un elemento delicado, porque en la mayoría de los casos puede estropear nuestro objeto. Pero se puede trabajar con él, podemos encender una vela y atar nuestro objeto de forma que podamos pasarlo rápidamente por la llama. Si se hace rápido y con cuidado no pondremos en peligro la integridad de nuestro objeto y podremos pedir al fuego que haga arder toda energía negativa. También podemos hacer lo mismo pero dejando que nuestro objeto pendule sobre unas ascuas encendidas, siempre teniendo cuidado.
  • Tierra: aquí podéis o bien enterrar vuestro objeto en un bosque o jardín (con garantías de que no os lo van a robar), y dejarlo así durante una noche, tres días, una semana… Lo que consideréis, o bien podéis hacerlo enterrando el objeto en una maceta durante una noche o unos días. No os especifico el periodo de tiempo porque es mejor que hagáis lo que os diga vuestra intuición. Como siempre al hacerlo pedirle a la tierra que purifique el objeto de toda energía negativa.
  • Aire: en realidad ya hemos explicado este elemento indirectamente, porque lo más habitual es encender un incienso y utilizar el humo (que se asocia al elemento aire). Aunque también se puede utilizar una pluma para crear una ligera brisa sobre nuestro objeto, y mientras mentalmente pedimos al elemento aire que lo purifique, o bien directamente soplar y susurras al objeto con nuestro propio aliento.

En mi caso, la mayoría de las veces lo que hago es un pequeño ritual utilizando los cuatro elementos. Empiezo con la tierra, pero en vez de enterrar el objeto lo que hago es juntar ambos entre mis manos y pedir al elemento que purifique el objeto. A continuación lo suelo abanicar con una pluma mientras invoco al aire. Luego dejo que pendule de forma rápida sobre la llama de una vela mientras le pido al fuego que elimine todo rastro de negatividad. Y por último dejo caer el objeto en un bol de agua (sólo agua) mientras le pido a este elemento que lo purifique. Es una versión combinada de lo que os he explicado de forma individual para cada elemento.

De nuevo insisto, estas son mis prácticas, pero es importante que vosotros las hagáis vuestras, que cambiéis y adaptéis lo que consideréis. Eso si, manteniendo siempre clara la idea de purificar el objeto.

Un saludo!

Isabel.

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