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La mayoría de veces que realizamos una práctica, un ritual o simplemente una meditación solemos hacerlo montando un pequeño altar. Podemos encontrar desde los más simples (como una simple vara de incienso y alguna imagen), a los más complicados… Pero, independientemente de los elementos que lo compongan, ¿hacia dónde debo orientar mi altar? ¿Hay una forma correcta de orientarlo?

Como siempre, al final depende de la tradición que uno siga… Pero mi experiencia me dice que en realidad la orientación no es un factor determinante, pues he realizado prácticas con éxito independientemente del lugar donde estaba orientado mi altar. No obstante,  voy a compartir aquí algunas experiencias, para que podáis adaptarlas a vuestras prácticas y crear así vuestro propio espacio de trabajo con el que os sintáis cómodos.

  • Norte: en la mayoría de webs encontraréis que el altar debe estar orientado al Norte. Esto de debe a que la mayoría de webs siguen la tradicción wicanna, donde el Norte se asocia al elemento Tierra, y por tanto siempre se coloca el altar en este punto cardinal como señal de respeto y conexión con la Diosa Madre. Es un método muy válido, y si tenéis particular afinidad con este elemento, o con el arquetipo de la Diosa Madre podéis orientar siempre vuestro altar hacia el Norte.
  • Estacional: este es una invención mía, o al menos jamás se lo he visto hacer a nadie… En mi caso, en vez de tener el altar fijo en el Norte, me gusta cambiar de lugar el altar según la estación en la que estemos, armonizando así los elementos que lo componen con el calendario pagano. En invierno lo suelo orientar al Norte, pues es el periodo en que la Tierra duerme, pero a la vez recarga su energía. En primavera lo oriento al este, y lo asocio al aire, pues en esta fase el polen vuela de flor en flor y la vida se regenera. En verano lo oriento al sur, pues es siempre hacia el sur de mi país donde hace más calor. Y en otoño, lo asocio al agua, pues vuelven de nuevo las lluvias y los ríos a fluir con fuerza después de la sequedad del verano. De esta forma siento que estoy armonizando mi trabajo con el  ciclo de la naturaleza, y en cierto modo siento que rindo homenaje a todas las partes por igual.
  • Donde fluya buena energía: en realidad esto sería lo más lógico, poder instalar nuestro altar en un lugar sagrado, o donde haya una alta concentración energética que nos ayude en nuestro trabajo. La energía que emanan estos lugares puede canalizarse e integrarse en nuestras prácticas, por lo que estos lugares son muy adecuados para instalar nuestro altar. El problema es que suelen ser emplazamientos naturales donde es más conveniente ir a trabajar puntualmente, es difícil tener en casa uno de estos puntos energéticos.
  • Donde se pueda: lamentablemente en muchos casos esta opción es la que acaba imperando. Tenemos que compartir nuestro espacio con más personas, o nuestra casa es pequeña y no tenemos espacio o simplemente un@ no quiere tener un altar en casa por miedo a reacciones de las visitas. Por eso muchas veces el altar es algo que se monta en las ocasiones en las que vayamos a trabajar. De hecho es lo que hago yo siempre, tengo un altar pequeño en un rincón escondido de la casa, pero monto uno en concreto cuando realizo alguna práctica en concreto.

En el fondo tenéis que tener claro que el altar no es algo imprescindible, y no tiene por qué afectar a nuestro trabajo. Como siempre al final la práctica espiritual es algo que se debe sentir, y no pensar. SI nos sentimos más centrados y más conectados con el mundo espiritual al montar nuestro altar, entonces montemos uno. Si con hundir las manos en la tierra y sentirla, nos sentimos conectados, si no necesitamos más que sentir el aire como aliento para encender nuestro fuego interior y nuestra magia, entonces habremos encontrado nuestro altar interior.

Un saludo!

Isabel.

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