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¿Cómo nos pueden ayudar los animales de poder a la hora de practicar un deporte? Se podría pensar que el practicante de chamanismo solo hace viajes para realizar sanaciones a él mismo o a otros, o pedir ayuda en temas de salud interior o ayuda para crecer espiritualmente, por eso puede chocar el título del post “Chamanismo y deporte”, pero voy a explicar qué tiene que ver la práctica chamánica con la práctica deportiva.

En un post anterior, Isabel habló de cómo la práctica del chamanismo y la meditación la habían ayudado a mejorar su salud, pues yo tengo una experiencia parecida pero relacionada con el deporte.

A mi me gusta practicar el senderismo, llevo haciéndolo desde hace unos tres años, por eso cuando en 2014 me propusieron hacer la caminata nocturna desde Sant Climent de Llobregat hasta Montserrat (47 kilómetros) me apunté sin dudarlo. Durante el verano entrené con caminatas de unos 17 kilómetros y traté de mejorar mi resistencia cardiovascular con sesiones de spinning en el gimnasio, todo ello me dio la seguridad suficiente para pensar que llegaría al monasterio en condicione aceptables. Craso error.

El primer tramo de la ruta, desde Sant Climent a Martorell (unos 27 kilómetros), lo hice perfectamente, pero el segundo tramo, hasta el pie de la montaña, empecé a sentir cansancio muscular y dolor articular. Pensé que la hora de descanso antes de acometer la subida hacia el monasterio me serviría para recuperarme, pero no fue así. Empecé la subida (con un desnivel de 800 metros en 5 kilómetros) y la resistencia cardiovascular estaba de vacaciones, me ahogaba y, lo peor, las piernas no respondían. El resultado fueron dos horas de subida con dolor de piernas extremo.

Llegar llegué, pero las secuelas fueron: una semana de agujetas brutales, una ampolla e inflamación de rodilla que me duró dos semanas.

Con toda esta experiencia dudaba en hacer la caminata este año, pero pensé: “puede ser una buena manera de comprobar si los animales de poder pueden hacer algo para evitarme el posterior dolor muscular”. Así que en junio decidí apuntarme…

Pero desde junio a septiembre he estado tan liada que me ha sido imposible salir a entrenar. Apenas pude hacer una caminata de 20 kilómetros la semana antes de la subida a Montserrat, además hace meses que me borré del gimnasio y mi único ejercicio han sido las sesiones de pilates caseras que, hay que decirlo, no sirven para ganar resistencia cardiovascular.

Con este panorama de entrenamiento previo fui hasta Sant Climent el día 4 de septiembre con la intención de acabar la caminata el sábado 5 sobre las 9 de la mañana.

Montserrat
Ruta desde Sant Climent de Llobregat hasta Montserrat.

Empezó la caminata y volví a llegar fresca a la mitad del camino, solo tenía un ligero dolor de pies, pero nada grave. Las molestias empezaron a la salida de Martorell sobre las 2 de la madrugada, ya que empecé a sentir sueño (básicamente me estaba durmiendo mientras caminaba) y las lumbares se me estaban cargando demasiado, el resultado fue la angustia de saber que se iba a repetir la historia del año pasado… ¿Qué hice? Llamé a este plano a uno de mis animales de poder, con el que hago las sanaciones y el que tiene las cualidades de fortaleza y resistencia, el resultado fue que durante unos 6 kilómetros noté claramente que me llevaban, es decir, que no era consciente de mi cuerpo, sentía que algo externo a mi estaba controlando las piernas, además el sueño se volatilizó de golpe y el dolor de las lumbares se convirtió en una ligera molestia llevadera.

Pasados esos 7 kilómetros todo volvió a la normalidad, sentí que mi animal ya no me llevaba, pero que permanecía cerca por si necesitaba ayuda otra vez, y la necesité. Al cabo de unas horas volvió otra vez el dolor de las lumbares, pero esta vez no me hizo falta una intervención tan extrema, simplemente noté que mi animal tomaba el control de una de mis manos y solo con pasarla por la zona lumbar el dolor disminuía. Tuve que hacerlo un par de veces más durante la noche, pero al hacerlo el dolor se marchaba.

Con todo esto se hicieron las 6 de la madrugada y llegamos al pie de la montaña, el último tramo, el más duro, empezaba con el amanecer y me tomé unos segundos para respirar hondo y seguir un ritmo constante. Con este ritmo vi que la primera hora pasaban sin molestias ni ahogos y que podía disfrutar del paisaje, cosa que no pude hacer el año anterior. Además la ausencia de cansancio extremo me permitió percatarme de una piedra bien especial en mitad del camino de subida, dicha piedra tenía un grabado natural con el símbolo de la runa Algiz que, curiosamente, simboliza la protección y la fuerza física.

Piedra con grabado natural de la runa Algiz.
Piedra con grabado natural de la runa Algiz.

Finalmente con un empujón de ánimo más llegué al final del camino, esta vez sin dolores, sin ampollas y sin inflamaciones. Podría decirse que llegué bastante fresca teniendo en cuenta que había estado 12 horas caminando y que mis piernas habían hecho 47 kilómetros. Todavía me sorprende el tremendo cambio de un año a otro, y más teniendo en cuenta que al día siguiente tuve la energía y las ganas suficientes para hacer una mini ruta de 10 kilómetros por los caminos de Montserrat.

En definitiva, practicar chamanismo y estar en sintonía con los animales de poder puede darnos unos herramientas muy útiles en cualquier circunstancia de nuestra vida.

Silvia.

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