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Durante toda la historia de la humanidad las religiones organizadas han ejercido el poder espiritual sobre el ser humano, estableciendo cómo debía ser el diálogo con la divinidad y prohibiendo toda forma de espiritualidad autónoma y nombrando como herejía cualquier sistema que se saliera del redil de la religión dominante.

Así pasamos siglos hasta que la religión fue perdiendo poder en todos los ámbitos, el político, el económico y, finalmente, en su propio terreno, el espiritual. Hoy en día estamos experimentando la adolescencia espiritual, las religiones organizadas quieren seguir ejerciendo su poder sobre nosotros, pero los seres humanos tienen a su alcance tal cantidad de información, que les es posible experimentar con diferentes filosofías y religiones, lejanas y cercanas, tanto en el espacio como en el tiempo. El torrente de información es imparable, ahí cabe de todo, tanto lo más adecuado como lo más nocivo espiritualmente hablando, lo que nos puede llevar a equivocarnos, tal y como puede equivocarse un adolescente que tiene ante sí la posibilidad de experimentar todo lo que la vida le ofrece, quiere alejarse de la tutela de los padres y ser él mismo el que decida, aunque ello le lleve por el mal camino. Esta experimentación ha llevado a occidente a redescubrir el chamanismo a volver la vista hacia esas culturas de raíz chamánica e interesarse por todo lo que conlleva esta práctica que, recordemos, fue la primera forma de contacto que tuvo el ser humano con el mundo espiritual.

Y es que antes de las religiones organizadas existía otra forma de espiritualidad, la primigenia, la que se forjó en las cuevas. El chamanismo podría decirse que es la forma más simple de contacto con lo espiritual. Nosotros y la naturaleza en todo su esplendor, en contacto directo con la Madre Tierra y todos sus seres que nos hablaban y aconsejaban.

Con el paso de los años todo esto se complicó, aparecieron las figuras de los sacerdotes que acapararon para sí el poder de conctactar con estos espíritus y dioses, se alzaron como portavoces de ese mundo espiritual y se adjudicaron la potestad de decir lo que está bien y lo que está mal. Se convirtieron en los “padres” que guían a sus hijos y les llevan por el camino que quieren, sin que éstos puedan o quieran poner en duda sus palabras. Así pasamos milenios hasta que llegamos a la época actual, la época de la adolescencia espiritual que nos ha permitido redescubrir el chamanismo, un camino para volver a ser espiritualmente autónomos.

Esta idea no es nuestra, Michael Harner en su libro “La Cueva y el Cosmos” ya daba pistas de lo que el chamanismo podía aportar a occidente, ya que le permitía al hombre occidental recuperar la “autonomía espiritual”.

El chamanismo nos recuerda que somos seres espirituales, con una luz innata que, con o sin intención, han tratado de apagar todos los poderes sobre los que se asienta la sociedad actual. Si recuperamos nuestra autonomía espiritual el sistema corre el riesgo de quebrar ya que al recuperar nuestra sensibilidad y empatía se nos caerá la venda y podremos contemplar el desfile de injusticias que se despliega cada día ante nosotros.

Silvia.
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