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Las vacaciones de verano posiblemente es el único momento del año en el que disponemos de TODO nuestro tiempo para hacer aquello que nos gusta o poder experimentar con nuevas actividades. Y no solo hablo de ir a festivales de música, tumbarnos en la playa horas y horas, caminar por la montaña o visitar ciudades o pueblos, hablo también de poder desarrollar plenamente nuestra espiritualidad gracias a tener muchos días de descanso seguidos sin el agobio de volver al trabajo, eso permite a nuestro cerebro desconectar de tal manera que le será más fácil reconectar con nuestro lado más sensible.

Tantos días de fiesta pueden abrumarnos y si no tenemos un poco claro lo que podemos hacer al final pasarán volando y nos quedará la sensación de no haberlos aprovechado plenamente, así que aquí os vamos a dar unas cuantas ideas para que estas vacaciones os sirvan para explorar nuevos territorios espirituales.

Realizar un camino iniciático / espiritual.

Las peregrinaciones a lugares sagrados se llevan realizando desde los inicios de la civilización y todavía quedan restos de estas costumbres ancestrales con las romerías o peregrinaciones. El camino de Santiago es posiblemente el más conocido y el que más se ha popularizado, pero en verano puede que no sea la mejor idea hacerlo precisamente por la popularidad que ha alcanzado. Si queremos disfrutar de un camino tranquilo e introspectivo es mejor que optemos por otras rutas, como por ejemplo buscar un lugar de poder y realizar una ruta circular de unos cuantos kilómetros para poder disfrutar de las vistas y tener tiempo para estar con nuestros pensamientos. En prácticamente todas las provincias hay unos cuantos sitios emblemáticos y muy energéticos, así que os animo a hacer una pequeña búsqueda y reservar un días para hacer una excursión alternativa.

Meditar durante la salida del sol

Asumámoslo, en vacaciones se duerme y se duerme ¡mucho! Así que eso de madrugar para ver la salida del sol puede que nos dé una pereza infinita, pero sinceramente es una experiencia única y que complicado que podamos hacer el resto del año por el trabajo y el cansancio acumulado, así que las vacaciones son un buen momento para dedicar un día a despertarnos media hora antes de la salida del sol, caminar hasta un cerro elevado y sentarnos a contemplar como cambia el paisaje y la luz con la salida del sol.

Iniciar nuestro diario de sueños

Con el bajón en picado de los niveles de estrés y cansancio es posible que vuestros sueños se vuelvan más intensos y lúcidos durante las vacaciones, así que es un momento único para que empecéis vuestro diario de sueños si queréis tener un registro de vuestras vivencias onírica. Recomiendo empezarlo en verano precisamente por la cantidad de horas libres y las despreocupaciones laborales, escribir lo que hemos soñado no se convertirá en una tarea imposible y nos permitirá coger una rutina que podremos continuar una vez se hayan acabado las vacaciones.

Practicar yoga

Si ya lo hacéis de manera habitual podéis aprovechar para hacer la práctica más seguida o experimentar con nuevas secuencias, y si no habéis hecho yoga jamás, os animo a iniciaros en esta práctica durante las vacaciones ya que tener un período largo para practicarlo a diario os permitirá tener una conciencia más tangible de los efectos que si solo hacéis una clase a la semana. Si sois principiantes y estáis en un lugar donde no hay un estudio de yoga os recomiendo el libro Mi Guía de Yoga donde se explica la historia de esta práctica, las posturas y sus beneficios y nos enseña unas cuantas secuencias para poder practicar nosotros mismos en casa, junto con un CD con una guía para la meditación, la relajación y la respiración.

Profundizar en el viaje chamánico

Si sois practicantes de chamanismo os recomiendo que profundicéis en vuestra práctica yendo a lugares naturales para realizar el viaje. Probad debajo de un árbol, en un cerro, cerca del mar o un río e, incluso, dentro de una cueva si tenéis la oportunidad. Experimentad para comprobar en qué lugares habéis visualizado mejor, si tras la práctica os habéis notado más conectados o si experimentáis algún suceso fuera de lo común. A mi personalmente me va genial hacer mi práctica durante el verano, ya que la conexión con el mundo natural es muchísimo mayor que en la ciudad y yo noto una mejora notable, así que ahí queda este consejo.

Trabajar con el elemento Fuego

El verano es la época de este elemento, un elemento de potencia, creatividad y fuerza, por lo que puede ayudarnos a desbloquear aspectos como la baja energía, la falta de creatividad o la inseguridad. ¿Cómo podemos trabajar con el elemento Fuego en verano? Aprovechando el máximo exponente de este elemento: el Sol. Podemos hacerlo realizando una meditación de cinco minutos al medio día, notando la fuerza del Sol y visualizando como el calor nos llena de energía y nos derrite nuestras inseguridades.

Adquirir el hábito de la meditación diaria

Meditar a diario tiene unos beneficios espectaculares a nivel mental y físico, pero es una práctica que muy difícilmente la podemos realizar a diario a menos que adquiramos el hábito, por ello empezar en vacaciones puede ayudarnos a adquirir la costumbre. No os pongáis retos muy altos, con 3 o 5 minutos diarios será suficiente como primera toma de contacto. Pasados unas semanas, si habéis adquirido el hábito, ya podréis plantearos aumentar el tiempo.

Bañarnos en el mar a la salida del sol o bajo la luna llena

El mar tiene una gran potencia a nivel de desintoxicación energética y de recarga, por ello os animo a que realicéis un baño en el mar en las horas en las que no haya prácticamente nadie en la playa, como por ejemplo a primerísima hora de la mañana: antes de la salida del Sol os ayudará a descargar toda la tensión y las malas energías y a recargaros gracias a la luz del Sol. Si preferís hacerlo por la noche, buscad una noche de luna llena, en este caso el baño os ayudará a trabajar la intuición y a equilibrar las emociones.

Aportar nuestro granito de arena ecológico

Una manera de compensar el daño que hacemos al planeta es aportando nuestro pequeño esfuerzo recogiendo la basura que veamos tirada en la playa o en la montaña. Simplemente dando un paseo y fijándonos en el suelo veremos el impacto que tiene el ser humano en el planeta y nos ayudará a ser más conscientes del efecto de nuestras acciones. Con esta práctica pueden pasar dos cosas: que os enfadéis muchísimo al ver lo irresponsable que es la gente o que os sintáis tremendamente bien por haber realizado una pequeña acción que poca gente es capaz de hacer, ya que el sentimiento imperante suele ser “¿para qué voy a recoger esa basura si no la he tirado yo?” Si somos capaces de superar esta programación mental, podremos empezar a cambiar el chip e introducir otros hábitos más respetuosos con el medio ambiente.

Disfrutar del aburrimiento

El último consejo es un poco todo lo contrario a lo que hemos estado diciendo en los puntos anteriores y algo totalmente contrario a lo que la sociedad nos dice que hagamos: tener la agenda completa de actividades para que no “perdamos” el tiempo. Pues en este último punto os animo a que guardéis muchos minutos de vuestras vacaciones para perderlos, para no hacer nada, para sentaros a contemplar el silencio y ver pasar las nubes, disfrutar sin hacer NADA, absolutamente nada. Pasaros horas y horas en la siesta, horas y horas remoloneando en la cama dejando fluir vuestros pensamientos sin el agobio de tener mil tareas por hacer. Estamos perdiendo la capacidad de aburrirnos, es más, nos sentimos mal si nos aburrimos porque la sociedad nos ha dicho que aburrirnos es sinónimo de ser improductivos, pues seamos improductivos este verano que nos lo hemos ganado.

Silvia.

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